Caminemos juntos al lado de nuestro párroco

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En esta semana que se festeja el Día del Sacerdote -4 de agosto-, en honor a San Juan María Vianey Patrono de los Sacerdotes – acompañemos a nuestros sacerdotes en las homilías, en las parroquias, en las capillas, en las jornadas, retiros, misiones, para que nuestro párroco se sienta acompañado por su comunidad eclesial, de manera a fortalecerse aún más en Cristo, sirviendo al más necesitado en los lugares más adversos, ser portador de la misericordia y la compasión de Dios. Él es quien nos entrega el alimento espiritual, al brindar los sacramentos siendo portadores de una Gracia, en la Confesión, son quienes incorporan a nuevos miembros a la Iglesia por medio del Bautismo; forman nuevas familias, en el Sacramento del Matrimonio. Acompañan a aquellos que por primera vez recibirán el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Son quienes acompañan a ese Cristo agonizante, ungiéndolo, para después encaminarlo al encuentro con el Padre Dios.

El sacerdote es el compañero, el amigo en Cristo, quien se reúne con su comunidad el domingo donde entrega la Palabra viva a través de la catequesis de la Iglesia, alimentando al pueblo de Dios con el Pan de Vida y Cáliz de la salvación.

El Papa Francisco dice que “Ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor y por los hermanos, llevando en carne propia la alegría y las angustias del Pueblo, invirtiendo el tiempo en escuchar para sanar las heridas de los demás, ofreciendo a todos la ternura del Padre”.

Pidamos a Dios que haya muchas vocaciones sacerdotales y religiosas, pues hacen falta muchos párrocos, muchos misioneros, predicadores, confesores, maestros, etc., y también muchas religiosas, en los hospitales, en los asilos, religiosas en las escuelas, colegios etc.; y otras en los conventos de clausura que alaben a Dios y pidan por los pecadores.

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