MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

En la unidad de cuerpo y alma, el hombre es una síntesis del universo, el cual alcanza en el hombre su cima más alta. Por su interioridad, es el hombre superior al universo entero; y a esta profunda interioridad retorna cuando se mete dentro de sí mismo, donde Dios lo aguarda. Al afirmar en sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio, sino que, por el contrario, toca la verdad más profunda de la realidad. En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley, que él no se dicta a sí mismo. El hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón y esa ley es tan íntima que el hombre no la puede desconocer, por más que tenga la triste posibilidad de acallarla y desoírla; siempre estará su conciencia reclamando la vivencia de esa ley.
“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla” (Gaudium et spes, 16). Dios nos habla por medio de nuestra conciencia; debemos formar la conciencia y seguir sus dictámenes.

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