6° Aniversario de Ordenación Episcopal de Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara

Encarnación, 20 de diciembre de 2020.

Queridos amigos y hermanos:

Creo, por eso no dejo de sorprenderme. Seguir los pasos de Cristo no se parece a nada que haya imaginado. Estos seis primeros años de obispo me lo repiten siempre. Es verdad. Muchas veces pensamos las cosas como humanos, no como Dios, no como Cristo. Cuando planteamos la vida como opción 1 y opción 2, nos quedamos encerrados en los límites de nuestras concepciones. No es extraño que esta posición de vida tenga una comprensión excluyente. Nos gusta simplificar a nuestro estilo, planteando alternativas irredimibles. Quizás porque limitamos la fe a un qué, y no crecemos hacia el quién de la fe.La fe en relación con un qué construye espacios, poniendo límites y definiciones. La fe en relación con un quién inaugura posibilidades para todos, porque es inagotable la misericordia. Si pensamos que Pedro y Pablo, María, la madre de Jesús y María Magdalena, Agustín y Tomás, Dimas, el buen ladrón, y el justo José, padre de Cristo en la tierra, están unidos por el qué creemos, y dejamos de lado en quién creemos, quizás no hemos entrado aún en la dinámica de la fe. Quizás no hemos comprendido la fe de los apóstoles. La razón de vida del apóstol no responde a la pregunta “qué cambió tu vida”, sino a una más perdonal: “quién cambió tu vida”. En función de este quién, Cristo, el qué de la fe adquiere una nueva dimensión de infinito, deja de ser un nunca llegaremos para constituirse en un siempre contigo Jesús, a todas partes y en todo tiempo, porque todo es posible para Dios. Cada día que comienza, volvemos a poner nuestros pasos en las huellas del Maestro de los Apóstoles. Le fe es así, aventura de vida, abierta a todos, con posibilidades insondables, en la gracia de aquél que nos redimió. Caminamos juntos este camino, uno junto al otro, tratando de vivir conforme al qué de la fe, pero sobre todo, unidos al quién de nuestra fe. En Él, se unen las manos de Dimas el ladrón arrepentido, de Mateo el publicano, de Magdalena, la que casi muere apedreada, de Pedro un humilde pescador, de Pablo, un celoso creyente, de José de Arimatea y de Zaqueo, de Marta y María. Cada uno es apóstol de Cristo, para anunciarlo a Él, y enseñar lo que nos comunicó y reveló. Ser apóstol, ser sucesor de los apóstoles, es vivir como posesión de Cristo, en amistad con Cristo. La doctrina que enseñamos, la compartimos desde Cristo, para llevar a Cristo. “Alegrénse”, este saludo del Resucitado, resuena en el corazón de las apóstoles de la resurrección, porque encontraron a su Señor, a quién buscaban. “Alégrate”, saludo de Gabriel, se hace pleno en el corazón de la joven de Nazaret, no por entender lo que el ángel le dijo, sino por abrazar en su vida a su hijo Jesús. En este sexto aniversario renuevo mi alegría en Cristo y en su Iglesia, a quién sirvo. La Iglesia es así mismo un “quién”, no meramente un “qué “. La Iglesia tiene vidas, nombres, historias, carácter, idiosincrasia, hambres y satisfacciones. En ella seguimos juntos, los que para muchos no podrían estar en el mismo camino. Porque nada es imposible para Dios, quién nos ha reunido, para que busquemos entender y vivir, lo que nos dice. Gracias por este andar juntos. Esta gratitud me mueve a desear y pedir que la alegría de Cristo toque siempre nuestras vidas, animándonos a seguirlo, unidos y con Él. Les comparto mi bendición. Les pido su oración. ¡Alegrénse! + Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.ObispoDiócesis de la Santísima Encarnación

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