MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

El encanto de las rosas -cantó el poeta- es que, siendo tan hermosas, no conocen que lo son. Indudablemente, tenemos cualidades en diversos órdenes; negarlas sería ingratitud para con el Creador, de quien las hemos recibido. Pero si somos arrogantes, si ostentamos orgullosamente nuestras cualidades, si nos atribuimos a nosotros mismos la propiedad y no el uso de esas cualidades, además de ser injustos, por atribuimos lo que no es nuestro, demostraremos poca inteligencia, pues no habríamos llegado a comprender que eso que tenemos no es nuestro. Las rosas no conocen que son hermosas; porque no lo conocen, por ello no tienen mérito; nosotros debemos conocer y reconocer lo que Dios ha depositado en nosotros. Pero todo eso, no para vanagloriamos, sino para asumir la responsabilidad de hacer fructificar esas cualidades para el bien nuestro, de los nuestros y de toda la comunidad. Eso es talento.
“Si no me obedecéis, quebrantaré vuestra orgullosa fuerza y haré vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como bronce” (Lev, 26, 19). Nada nos aleja tanto de Dios como el orgullo, el creernos mejores de lo que somos, el no reconocer los defectos y miserias que tenemos. El orgullo es el barro que tapa nuestros ojos y nos impide ver las cosas de Dios.

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