Bendición de Ramos y Santa Misa en la Catedral de Encarnación

Con la presencia multitudinaria de fieles, se realizó la Bendición de los Ramos en la Plazoleta municipal “Mariscal López” y posterior procesión por las calles de la ciudad, para posteriormente llevarse a cabo la Santa Misa de Domingo de Ramos en la Catedral “Nuestra Señora de la Santísima Encarnación” homilía que fue presidida por el Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis     de Encarnación, acompañado del presbítero Gilberto Penayo, párroco de la Catedral y del P. Alexis Ferreira.
En la Ceremonia religiosa el Mons. Pistilli, recordó que el Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén. En la liturgia de la palabra se evocó la Pasión del Señor. La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, el triunfo de la resurrección y la lectura de la Pasión, invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
“Este domingo de Ramos, Jesús entra a Jerusalén a sufrir, a ofrecer su vida en la Cruz, para volver a la vida, para ganarnos el perdón, la libertad y la vida nueva como hijo de Dios y sellar la alianza definitiva. Ese Jesús que entra, es aclamado como Rey, le saludan con las palmas, le ponen sus mantas en el camino. Entra al lomo de un burro, humilde, y sabiendo quienes los saludan después lo van a traicionar, para verlos desde otro trono que es la Cruz y lo van a ver muerto. Al Rey que aclaman lo entregan como un ladrón, porque no se animan a estar con Él, no se animan a seguirlo en su ejemplo, en su testimonio. Jesús les enseñó el camino a ser recto, a ser justo, de ser humilde, bondadoso, de ser misericordioso de perdonar. Tuvieron miedo,  y no tuvieron el valor de estar con Jesús.
El ejemplo quizás pequeñito del Evangelio que quiero rescatar es -cuando Jesús prestó el burro para entrar a Jerusalén-, devuelve lo que presta. Si alguien fue bueno y te prestó algo, devuelve lo que te prestó, y así saludas a Jesús con un corazón limpio en esta Semana Santa.  El primer ejemplo de Jesús es muy sencillo y así también lo hacen sus discípulos. La gente saluda a Jesús con palmas y pone sus mantas en el piso, por lo que Jesús camina encima de ellos. Vamos a tomar eso como símbolo de nuestra propia vida, que Jesús quiere caminar en nuestras vidas, sobre nuestras vidas, y queremos obviamente que nuestras alfombras sean las más lindas, para que camine Jesús. Entonces, que nuestro corazón se limpie de todo pecado, de toda impureza, de todo, de toda maldad, para que Jesús pueda caminar sobre nuestras vidas y traernos esa frescura del corazón limpio, ese corazón sano, redimido. Nuestros enojos, nuestros disgustos, nuestras mentiras, nuestros fraudes, entreguemos a aquel que nos puede perdonar, para que Jesús nos limpie el corazón y pueda caminar sobre nuestras vidas, viendo que también nosotros somos humildes, así como Él fue humilde. Él quiere caminar en los corazones de su pueblo humilde; humilde que reconoce que necesita perdón y que también se deja limpiar por Dios. Ese es el humilde, el que sabe y que necesita perdón y se deja limpiar por Dios. Si hay algo que nuestro corazón necesita de ser limpiado, quien lo puede limpiar, si hay algo que en nuestra alma que está sucio quién nos puede liberar de eso, Cristo lo hace, Cristo lo sigue haciendo, y lo va seguir haciendo con todos aquellos que ponen su vida en sus manos, reconociendo, su limitación, su debilidad, su flaqueza y diciendo Señor  camina por mi corazón, limpia mi vida, para que yo pueda seguir por Tú camino, pueda tener el valor de subir Contigo en la Cruz, para resucitar Contigo otra vez.
Que esta Semana Santa, el Señor camine en nuestras casas, a nuestros hogares. Que esas palmas que llevan a sus casas indique que Jesús quiere caminar en cada casa y que necesita de vez en cuando limpiemos la casa, para que Jesús camine en esa casa limpia, humilde, sencilla, misericordiosa, donde haya oración, perdón y donde se comparte, una casa donde la familia sabe abrir el corazón para bendecir también a otros en la misma caridad de Jesús, donde llevamos juntos la Cruz, donde sabemos que la victoria no es de este mundo, la victoria es de Cristo que nos libera para la vida nueva”.
El domingo de Ramos los cristianos recordamos la entrada de Jesucristo en Jerusalén y lo aclamamos cantando: Hosanna. Por ello nuestras palmas son signo de que reconocemos a Jesucristo como Hijo de Dios, lo aceptamos en nuestra vida y nos comprometemos con El a construir su reino. La misa de este día tiene dos aspectos contrastantes.
1.Por una parte, la celebración comienza con la alegría y la aclamación con palmas.
2.Por otra parte se hace la Lectura de la Pasión, con la que se anuncia lo que celebraremos en estos días santos. Jesucristo es verdaderamente el Mesías, el que viene en nombre del Señor, y por esa misma razón debe morir en la cruz.
Cada año, en la celebración del Domingo de Ramos se lee una versión distinta de la Pasión de Cristo: un año la del Evangelio según San Lucas, otro año la de San Marcos y otro año la de San Mateo. Nunca se lee la del Evangelio de
San Juan, porque esta se lee siempre el viernes santo de todos los años.

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