Carta del Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

Queridos sacerdotes, consagradas y fieles de nuestra Diócesis:

Ayer fue un día muy agotador para el personal de salud en el Centro Respiratorio en Encarnación debido al aumento de casos que requieren atención. Es una situación que vivimos en este mes de mayo que inquieta a todos, nos afecta a todos.

Queremos ser luz que acompañe en este tiempo de pandemia. Animados por la fe y la confianza en Dios no nos entregamos a la angustia, al escepticismo, al derrotismo o a las reacciones airadas de violencia verbal o de otro tipo. La luz de Cristo nos acompaña en todo el proceso de pandemia y es misión cristiana ayudar a que esa luz brille en todo momento.

¿Qué podemos hacer positivamente para ayudar? Movidos por nuestro amor a Cristo en el prójimo y por el compromiso de velar juntos por el bien de la vida y de la salud es importante y necesario que todos seamos parte de la solución y tratemos de no ser parte del problema. Somos un solo Cuerpo como decimos desde la fe de la Iglesia, debemos actuar en esa unidad pastoral. Por esa razón les escribo para dar criterios y orientaciones con la invitación de mantener y de motivar a todos en la misión cristiana que nos corresponde.

En primer lugar es necesario hablar claro: La Covid-19 es una enfermedad grave, no es un simple resfriado. Confundir a la gente sobre esto es despojarlos de la oportunidad de reaccionar en tiempo y en forma, y exponerlos a consecuencias serias del desarrollo de esta patología. Los que presentan síntomas deben reportarse en los centros de atención, consultar con el médico e iniciar el tratamiento requerido. No informemos mal.

En segundo lugar, con la misma claridad debemos decir: Las medidas terapéuticas deben ser acompañadas con el cumplimiento concienzudo de las medidas de prevención. Las medidas terapéuticas son las que se aplican para el paciente que llega con síntomas a la atención en el consultorio o en el hospital. Las medidas preventivas son las que se aplican antes, para evitar el contagio de la persona y la circulación del virus en la comunidad. Si nos relajamos en las medidas preventivas, el sistema sanitario se satura y colapsa.

En tercer lugar y con realismo debemos decir: Aquellos que se descuidan no solamente se exponen en forma individual sino que exponen a su grupo familiar, laboral, de amistad y más allá. Exponerse es: no usar mascarilla, no higienizarse las manos debidamente, no tomar distancia en lugares públicos o privados compartidos, no limitar la cantidad de contactos a los esenciales. Cuidar el grado de exposición individual es un acto de responsabilidad que cada uno debe asumir en conciencia por su propio bien y por el bienestar de los suyos y de todos.

En cuarto lugar y con el peso de la responsabilidad de informar con rigor: La terapia específica de esta enfermedad cuenta con la vacuna para lograr el fortalecimiento de la inmunidad y con un conjunto de acciones y fármacos reconocidos para sostener al paciente, evitar daños de los órganos vitales y ayudar a sanar las secuelas de la infección. La eficacia de esta terapia no es del 100%, pero si se aplica a tiempo y de la forma correcta, promete resultados de recuperación buenos. No es responsable alentar a las personas a terapias empíricas excluyendo la terapia específica o a terapias alternativas que no ofrecen garantía o incluso son perjudiciales.

En quinto lugar recordamos que la enfermedad por su alta contagiosidad se hace pandémica, lo que significa que no es un problema simple sino complejo. Las medidas a tomar deben responder igualmente a la complejidad de la pandemia. Expresión de esta complejidad son por ejemplo la afectación de la economía y de las relaciones sociales, el aumento de violencia intrafamiliar, las dificultades en el proceso educativo, por nombrar solamente algunas.

Ante estas circunstancias y viendo que necesitamos ser todos “luz que acompaña en este camino” les propongo que en cada parroquia, en las pastorales y en los movimientos tengamos en cuenta lo que ya enumeré junto con las siguientes orientaciones:

  1. Desarrollemos una comunicación más humanizada, más empática, que mueve a acciones preventivas, solidarias efectivas, educativas e informativas. Humanizar la comunicación es recordar que no se trata de números sino de personas conocidas y amadas, y que la vida de todos es importante. Empatizar en la comunicación es lograr ponerse en el lugar de los enfermos, de los que sufren, del personal de salud, de las dificultades de los docentes, los alumnos, las familias con escasos recursos y de la comunidad como una unidad donde todos necesitamos sumar esfuerzos. Nuestra comunicación debe alentar la fe, la oración y la acción correcta, necesaria y debida. Usemos los recursos y medios disponibles, las radios comunitarias, las redes sociales, otros medios de comunicación en forma positiva. Capacitémonos como comunicadores de esperanza y de responsabilidad.
  2. Apoyemos las acciones efectivas para ayudar a la gestión de recursos requeridos. La gestión pública de la salud en materia de medicamentos, vacunas, personal, camas e insumos es responsabilidad de las instituciones sanitarias y del Estado. La solidaridad es de todos nosotros, que como ciudadanos velamos pero al mismo tiempo colaboramos de muchas maneras con los que necesitan. Cuidemos de ser subsidiarios donde los recursos no llegan y sumemos esfuerzos con las personas y familias afectadas.
  3. Observemos las medidas restrictivas en cuanto al número de participantes en los actos de culto y a la realización de eventos sociales y reuniones. Este es el “cortafuegos” a nivel comunitario para evitar la circulación del virus. Promovamos también la disminución de encuentros como medida que cada uno en conciencia necesita practicar. El uso alternativo de los medios telemáticos y redes sociales ayuda a mantener encuentros sin la necesidad presencial de riesgo. La sabiduría está en saber elegir los encuentros verdaderamente necesarios. Evitemos las aglomeraciones de personas.
  4. Aseguremos la provisión de los insumos necesarios para la higiene en los templos, escuelas y colegios y otros espacios eclesiales. Es bueno invertir en estos, pues hay que asumir que los lavatorios de manos deberían ser no solamente para este tiempo de pandemia, sino que serán siempre necesarios en lugares adecuados y accesibles de nuestros edificios y lugares de reunión.
  5. Informemos adecuadamente a nuestra feligresía y a toda la comunidad con noticias responsables, necesarias y oportunas. Evitemos aumentar la desilusión y la angustia con visiones catastróficas de la realidad y aportemos siempre a la perseverancia, el sentido de comunidad, la unidad, la pertenencia, la capacidad de enfrentar juntos el tiempo difícil, la búsqueda de soluciones.
  6. Aprovechemos los lugares donde estamos al servicio de la educación y de la formación. Las escuelas y colegios y la universidad pueden realizar jornadas de estudio sobre la pandemia de covid-19, analizar la situación local de pandemia, promover acciones locales específicas a lugares donde hay aumento de contagios, comprometer a la comunidad educativa en la solución. La catequesis igualmente puede dedicar algunos encuentros en este mismo sentido, como parte del compromiso de todo cristiano con el bien común. Hay que formar correctamente, crear conciencia personal y comunitaria, discernir acciones correctas, impulsar acciones necesarias y oportunas para evitar contagios y disminuir la circulación comunitaria, así como para crear espacios saludables y promover una cultura sana.
  7. Que todos los responsables de la parroquia, las pastorales, los movimientos, las capillas, las escuelas y los colegios, la universidad, velen en sus barrios y comunidades, ayudando a las familias y a las personas a elevar la moral y no perder el ánimo, a sentirse comprometidas con la solución y el final de la pandemia, a evitar actividades de riesgo, a atender en tiempo y en forma a los afectados.
  8. Todas las comunicaciones y acciones que realicemos deben tener como fin no solamente el final de la pandemia sino el bien fundamental de que confiemos los unos en los otros y nos ayudemos, trabajando unidos, con criterios comunes, con una comunicación positiva, eficaz, armoniosa, con un enfoque que manifiesta amor al prójimo, a la vida, a la salud. La oración debe nacer de la comunión profunda de todos nosotros como Cuerpo de Cristo y encaminar a Cristo todo lo que decimos, planeamos y hacemos.
  9. Apoyemos espiritualmente a las familias que han perdido a sus seres queridos, que se sientan consoladas por la oración y la cercanía respetuosa de todos nosotros. Que las heridas de la despedida abrupta de los que amamos puedan sanar sabiendo que no estamos solos y que nuestros hermanos difuntos son recordados en la comunidad en las oraciones de todos.
  10. Aprendamos cada día y no nos cansemos de mejorar en nuestras relaciones personales, familiares, sociales, laborales, educativas y eclesiales. Que sepamos sacar fuerza de la adversidad para ser mejores personas y mejores cristianos.

Aunque el camino parece largo, para nosotros cristianos el Camino es Cristo que nos dice que cada día tiene su preocupación y su esfuerzo. Vivamos cada día con fe y amor, como corresponde a los discípulos del Señor.

En la Eucaristía diaria los recuerdo ofreciéndolos en Cristo como ofrenda para la vida de todos. Reciban mi bendición, perseveren en sus oraciones. Que la Santísima Virgen y San José nos abracen bajo su protección.

Encarnación, 20 de mayo de 2021

  • Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.
    Obispo

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