Comentario exegético 33. Domingo Ordinario [A] (16.11.14). Evangelio Mt 25, 14 – 30

Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE Mientras San Marcos relata, que el Señor encomienda a sus servidores un trabajo específico, San Mateo habla de un señor que entrega sus posesiones a los servidores, para que en su larga ausencia las administren. Se trata en total de 8 talentos, que serían hoy unos 50.000 dólares. No se los entrega para probar ahora recién su capacidad y fidelidad, sino para que saquen provecho de ello y los aumenten durante su ausencia.
La distribución del dinero no la hace de forma igual, sino de acuerdo a la capacidad que cada servidor tiene, según el criterio del señor.
No se habla, de qué manera los dos primeros servidores han aumentado luego el capital, porque esto aquí no parece ser relevante. El empeño de los dos es el mismo. El tercer servidor, sin embargo, se preocupa solamente en no arriesgar nada. Aunque el dinero escondido no crece, tampoco se pierde. Además, no tiene ningún problema con el asunto. Hasta que el capital de los dos primeros se haya duplicado, necesariamente tiene que haber pasado un largo tiempo.
La rendición de cuenta de los dos primeros va según el mismo esquema y de forma prácticamente igual en las expresiones.
Al mencionar el aumento del capital, en seguida se lo traduce con la conquista de la vida eterna. El que habla, es el Hijo del Hombre, enunciando su veredicto.
Más in extenso se relata aquí la historia del tercer servidor, aquel que simplemente escondió el capital y no hizo nada con él. Lo que alega como explicación por su pobre actuación, su pereza, no es otra cosa que una excusa barata.
La orden de dar el talento de este siervo inútil al primero, en realidad sorprende. Sin embargo, aquí se quiere poner en claro, que aquel, que hace todo para el Reino de Dios, recibirá más de lo que puede esperar.
Aquí no habla solamente el dueño humano de la propiedad, sino es el Hijo del Hombre, que rinde cuentas con sus servidores.
El servidor, que al final no tiene nada, está así no porque anteriormente no tuvo nada, sino porque no se esforzó para conseguir algo con lo que estaba a su alcance. Y lo poco, que pensaba tener, se lo va a quitar todavía por completo, porque se mostró como un siervo absolutamente inútil.
En resumen: somos todos distintos en cuanto a talentos y capacidad. Pero el Señor espera, que cada cual trabaje con los talentos a disposición para lograr con ellos el mayor éxito posible. El empeño es importante, no la cantidad de lo logrado. No haberse empeñado para nada, esto será al final la causa de la exclusión del Reino de Dios.

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