Reflexiones dominicales del P. Dr. Manfred Milhelm

Mis amigos: De pequeño recuerdo las advertencias de mamá: “No me entres en la casa con zapatos llenos de barro.” También decía: “Lávate bien las manos – no puedes sentarte a la mesa y tocar la comida así.”  Y siguen esos recuerdos: “No ves que la camisa está sucia; ponte rápido una limpia.”
¿Acaso fue una exageración? Hoy día, como mayor de edad, sé muy bien, que esa clase de enseñanzas hacía falta. Caso contrario, posiblemente andaría en esos momentos como vagabundo sucio, mal oliente – un ”repelente” para la sociedad.
Con aquello en casa no había terminado el tema de la limpieza. También decía mamá: “Si mientes, si quitas algún juguete a tus compañeros, y si no haces bien tus tareas – entonces estarías sucio adentro, y Jesús tampoco está a gusto con los que andan de esa manera sucios.”
Los Proverbios de las diferentes naciones suelen transmitirnos sabidurías muy profundas, y eso en base a experiencias de muchos. Así un Proverbio francés reza: “No existe almohada más blanda que una conciencia limpia.” No creas, que los atrevidos y poco respetuosos pueden hacer sus fechorías, y luego estarían bien tranquilos durante toda la vida. Esa “suciedad” interior tarde o temprano los va a molestar. A los que no lo creen, les dicen Les Luthiers, un Grupo de humor argentino: “Tener la conciencia limpia es señal de mala memoria.” Eso es para los que creen, que pueden permitirse cualquier cosa. Pero más que tener mala memoria – lo que les falta a esa clase de gente es una conciencia bien formada. Por eso andan “sucios”.

Cuántas veces he escuchado, que actitudes realmente malas, las que llamamos “pecado”, siguen persiguiendo luego a esas personas. Como ejemplo te doy el hecho de haber cometido un aborto, que a muchos los molesta durante toda la vida. A eso dice el escritor estadounidense H. Jackson Brown (*1940): “No hay mejor calmante en el mundo que una conciencia limpia.“
Cualquier persona, medianamente civilizada, trata de presentarse de manera limpia cuando va entre la gente. Cada mamá, que desea educar bien a sus hijos en este aspecto trata de que se vayan limpios por ejemplo a la escuela; y si muchos mayores de edad usan cremas de belleza para mejorar su aspecto – eso mismo vale también para la parte interior del ser humano. Una persona agradable, cumplidora, atenta – en todo sentido una persona buena -, esa persona es en realidad una persona bella, aunque por afuera pueda ser muy fea. También la actriz y modelo francés Arletty (1898-1992) solía decir: “La mejor crema de belleza es una conciencia limpia.”
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita lo que decía Franz v. Sales (1567-1622), obispo de Ginebra: “Si el hombre se limpia, Dios lo acusa; pero si el hombre se acusa, Dios lo limpia.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
Comentario exegético 6. Domingo Ordinario [B] (15.02.15) Evangelio Mc 1, 40-45
Este relato de sanación no dice nada respecto al lugar y la fecha del acontecimiento. La actuación de Jesús debe ser aclarada precisamente a través de esa sanación.
Un leproso, prácticamente aislado y expulsado de la convivencia normal humana, que seguramente había escuchado sobre las sanaciones y las posibilidades del Señor, tiene la osadía de hacer caso omiso a las directivas de las autoridades de no acercarse a nadie. A pesar de todo se dirige a Jesús.
La “limpieza” que recibe de parte del Señor, que a través de este milagro muestra tanto su poder como su compasión, significa por un lado la sanación de una enfermedad terrible e incurable en ese tiempo, y por otro lado comprende la reinserción del leproso sanado en la comunidad humana. La declaración definitiva de curación estaba siempre a cargo de los sacerdotes.
El gesto de extender la mano, es la expresión del poder de Jesús sobre la enfermedad. El tocar al enfermo era de por sí una infracción de la Ley, porque – según esta Ley – tal contacto le dejó a uno “impuro”. Jesús hace caso omiso.
La sanación misma ocurre a través de una palabra de mando por parte de Jesús, y el efecto es – como siempre – de inmediato. Con un gesto de amenaza casi lo echa luego al curado, prohibiéndole decir algo sobre lo que pasó, pero le exige el cumplimiento de la Ley en cuanto a presentarse a los sacerdotes, para que lo declaren “limpio”, además de presentar también la ofrenda correspondiente.
Todo este acontecimiento de sanación debe servir como testimonio para el mundo entero. No se trata de dar crédito a la sanación, porque Jesús expresa el deseo de que no se divulgue nada, porque la mayoría no entiende todavía la verdadera misión del Señor. Pero este su mandato de callarse quedaba, en realidad, sin efecto, porque nadie hizo caso.
En su inmensa gratitud el sanado hablaba  a todo el mundo de su sanación, e indicaba claramente que el autor de todo era Jesús. La consecuencia es, que Jesús tiene que buscar lugares más tranquilos, pero tampoco esto duraría por mucho tiempo. 

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