Emotiva ordenación presbiteral del Diácono Rubén Darío Colmán Argüello en Itacuá

En el Santuario de Itacua, se llevó a cabo la ordenación presbiteral del Diácono Rubén Darío Colmán Argüello. El mismo fue ordenado por Mons. Mario Melanio Medina Salinas, Obispo de la Diócesis de San Juan Bautista de las Misiones. De la ceremonia participaron a más de Mons. Claudio Silvero, Obispo Auxiliar de la Diócesis, una multitud de personas entre invitados especiales, parientes, religiosos y religiosas de diversos puntos del país y del extranjero.
Rubén Darío Colmán tuvo como lema sacerdotal “Maestro, hemos trabajado toda la noche sin pescar nada, pero tu nombre echaré las redes” (Lc 5,5,).
Durante la emotiva ceremonia el nuevo presbítero, agradeció a todos quienes brindaron su testimonio de vida cristiana e  incidieron en su formación vocacional y para la decisión de entregar su vida a Dios y a la vida consagrada. Expresó que su verdadera vocación se inició en la parroquia “Santa Rosa de Lima” -cuando el barrio era aún populoso antes de que fuera afectado por el embalse de Yacyretá- donde creció y donde surgió su inquietud vocacional y aprendió a dar los primeros pasos de la fe, y a conocer por dentro la Iglesia y servirla desde su propio rol.
Entre muchos agradecimientos acotó “Agradezco a todos los religiosos y religiosas que me ayudaron a caminar junto al Señor con generosidad. Agradezco a Dios a la Diócesis de San Juan Bautista, al Monseñor Mario Melanio Medina, por su constante acompañamiento y por la confianza puesta en la obra del Señor. Agradezco al Señor por mi formación humana, pastoral y espiritual, por todas esas mediaciones que colocó en mi camino para que aportaran con sus conocimientos, experiencias, vivencias, entre ellos, sacerdotes diocesanos, pastores, jesuitas, verbitas, religiosos, religiosas, monjes, monjas y muchísimos laicos y a todos los bienhechores de este país que nos han ayudado con sus bienes para que podamos formarnos. Agradezco Señor por toda mi familia grande por el aprecio y constante apoyo y por acompañarme en este día.  Quiero agradecer muy especialmente al Mons. Claudio Silvero, pues desde que llegó a la Diócesis comenzó a trabajar por nuestra Parroquia – Santa Rosa de Lima- y su testimonio, cariño y amistad, su apoyo durante todos estos años y seguro, su oración, han hecho que el Señor me diera el Don del Sacerdocio. El Padre Ricardo Stankiewiez, tengo los mejores recuerdos de él, pues fue el primer párroco que conocí y fui 3 años su monaguillo, gracias por sus consejos, acompañamiento y al Padre Adolfo Benítez, quien fue un gran formador de mi conciencia, mi corazón, muchas veces me llamó para corregirme, para animarme y para aventurarme. Agradezco también al Padre Elvio Benítez, de quien mucho también recibí.” Finalmente dijo que agradecía a la Virgen María por todo lo que recibió y que tiene en el corazón fue gracias a ella.
Como mensaje final resaltó “Si alguna vez les puedo servir en algo, aquí estoy. Simplemente quiero decir a los consagrados presentes y religiosas, a los sacerdotes del Verbo Divino, a los Diocesanos, jesuitas, los Obispos, que la mejor pastoral vocacional que existe es nuestro testimonio. Ese testimonio de entrega, alegría, entusiasmo, ese gusto y pasión por las cosas que hacemos, es lo que conquista vocación para nuestra Iglesia y lo digo por experiencia, por la entrega, alegría y entusiasmo de las personas que me rodearon y me rodean, si ellos fueron felices porque no puedo serlo, por eso el Señor me dio la Gracia.”

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