Emotiva prédica de la Misa Crismal del Mons. Ignacio Gogorza, Obispo de la Diócesis de Encarnación

Una vez más la celebración del día de la institución del sacerdocio por Jesús nos reúne para compartir la alegría de haber sido llamados por el Señor a esta hermosa vocación que sentimos y vivimos desde nuestro corazón. Estamos presentes todos los presbíteros de la Diócesis y no por obligación sino porque queremos renovar nuestro compromiso de consagración sacerdotal. Queremos revivir aquel día inolvidable que el Obispo ordenante nos impuso las manos para hacernos sacerdotes para siempre.
Fue un día feliz porque habíamos llegado a la meta tan deseada y nos entregamos al Señor diciendo: “Soy sacerdote para siempre, gracias por el don que me has dado a pesar de mi fragilidad, pero confío en el amor que siempre me has brindado para mantenerme fiel en este ideal de vida?.
Esta fue la oración que hice ante el santísimo el día de mi ordenación y supongo que será muy parecida a la de todos ustedes. Hoy, ya finalizando mi vida activa como responsable de una Diócesis, permítanme que me explaye en los sentimientos que vibran en mi corazón.
Un profundo agradecimiento a Dios por haberme elegido primero para ser religioso y luego para ser sacerdote en el grado pleno que nunca esperé. Había otros mejores y más dignos que yo, pero los designios de Dios son insondables y hay que estar abiertos a discernir su Voluntad y aceptarla.
Perdón por mis fragilidades, por no haber respondido plenamente a Dios en lo que El esperaba de mí y tampoco a todas las personas que me ha pedido pastorear. Confío en la misericordia de Dios y la de todos con quienes he compartido la vida, en particular de ustedes con quienes convivo en estos últimos años.
Decirles lo que me ha sostenido fiel en mi sacerdocio. La oración.
La eucaristía, el sacramento de la reconciliación, el rezo de las Horas Litúrgicas, la meditación de la Palabra de Dios son medios que me han ayudado y me ayudan a vivir mi espiritualidad sacerdotal. Ella es enriquecida por los Retiros Espirituales y la pastoral como expresión de mi pertenencia a Dios al servicio de todos.
Al respecto el Papa Francisco nos dice: “No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús  que no conocerlo, no es lo mismo caminar con El que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su palabra, no es lo mismo contemplarlo, adorarlo, descansar en El, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con El se vuelve mucho más pleno y que con El es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a El presente con el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo. Deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” E.G. 266.
Compartir la vida con el pueblo que nos ha confiado.
Es otro medio que me ha ayudado a la fidelidad y a superarme cada vez más. Es impresionante como el caminar con el pueblo te enriquece, te fortalece y te exige, porque espera de nosotros el pastor que le guía, le alienta, que comparte sus angustias y alegrías. De esta forma nos hacemos sensibles, acogedores, más comprometidos con las necesidades del pueblo.
Cito al Papa Francisco “Jesús mismo es el modelo de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. ¡Qué bien nos hace mirarlo cercano a todos! Si hablaba con alguien, miraba sus ojos con una profunda atención amorosa: “Jesús los miró con cariño” (Mt. 10, 21). Lo vemos accesible cuando se acerca al ciego del camino (Mt. 10, 46 – 52) y cuando come y bebe con los pecadores  (Mt. 2, 16), sin importarle que lo traten de cormilón y borracho (Mt. 11,19).
Lo vemos disponible cuando deja que una mujer prostituta unja sus pies (Lc. 7, 36 – 50) o cuando recibe de noche a Nicodemo (Jn. 3, 1 – 15).
La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia. Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos con la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad” 
Vivir el sacerdocio con alegría y esperanza
Muchas veces me han preguntado: ¿Usted es feliz como sacerdote y volvería a serlo de vuelta? Y  mi respuesta ha sido y sigue siendo positiva. Si no me hubiera llamado Dios a esta vida sacerdotal no sé lo que hubiera sido de mí. Pero Dios me sedujo y me he dejado seducir, como dice el profeta y en su seguimiento encuentro sentido a mi existencia y la alegría de vivir. Me exige entrega, sacrificios, renunciamientos pero vale la pena. Te motiva para luchar y vivir con esperanza.
Cito una vez más al Papa Francisco: “Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces para ellos es inútil esforzarse. Piensan así: “¿para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado?” Con esta actitud se vuelve imposible ser misionero en la comodidad, la flojera, la tristeza insatisfecha, el vacío egoísta. Se trata de una actitud autodestructiva porque “el hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable” Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, “Si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía” (1Cor. 15, 14). El Evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, “el Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra” (Mc. 16,20).
Eso también sucede hoy. Se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda”.
He esbozado algunos sentimientos y reflexiones personales iluminados con citas de la Exhortación Evangelii Gaudium. Pero no quiero pasar de largo los 25 años de ordenación sacerdotal que celebra hoy el P. Daniel Ferreira. Es el primer sacerdote ordenado del distrito de Jesús después de 200 años de la última ordenación. Nuestras felicitaciones y que el lema que elegiste: “quiero ser libre para liberar” siga vivo en tu corazón para que ayudes a tus feligreses a ser libres de toda esclavitud así como Cristo vino a liberarnos del pecado y de toda esclavitud. Muchas felicidades y bendiciones. P. Daniel.
A ustedes queridos religiosos /as y fieles presente, gracias por acompañarnos ahora y siempre con sus oraciones, con su afecto y con su disponibilidad y testimonio en la tarea de la evangelización. Que Dios los bendiga y nuestra Madre la Santísima Virgen de la Encarnación interceda por cada uno de nosotros a fin de que seamos fieles discípulos y discípulas del Señor.
Así sea”.
+ Ignacio Gogorza Izaguirre
Obispo de Encarnación

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