Emotivo y significativo rito de apertura de la Puerta Santa de la Catedral

En la tarde de ayer domingo 13 de diciembre, la feligresía itapuense vivió con mucha emotividad y fe, el rito de la apertura de la Puerta Santa de la Catedral “Nuestra Señora de la Santísima Encarnación” para dar inicio al Jubileo Extraordinario de la Misericordia. La ceremonia comenzó en la Iglesia Santa Rosa con la ‘statio’, ritos de introducción, que fue presidida por el Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis de Encarnación, y acompañado del Clero Diocesano. Luego del saludo y la moción inicial, se realizó la proclamación de la perícopa evangélica, y la lectura de la parte inicial de la Bula ‘Misericordiae Vultus’.
Posteriormente se dio inicio a la procesión encabezado por el Obispo, sacerdotes, monaguillos, laicos y fieles, por la costanera de Encarnación, hasta la Catedral de Encarnación. Este camino procesional identifica al Año Santo, pues es signo de Cristo que camina delante de su pueblo y de su Palabra, guía y luz para sus discípulos.
Luego el Obispo inició la ceremonia de la apertura de Puerta de la Misericordia Antes invocó las palabras del Salmo 118. “Abrid las puertas de la justicia, entraremos a dar gracias al Señor…Esta es la puerta del Señor: por ella entramos para obtener la misericordia y el perdón”. Portando el Libro de los Evangelios y elevando a lo alto el Obispo expresó “Yo soy la puerta, dice el Señor, el que pasa a través de mí, será salvo; entrará y saldrá y encontrará el alimento.” Acto seguido se dirigió en procesión hacia el altar. Tras él ingresaron los concelebrantes, ministros y los fieles.
El Obispo bendijo y asperjó el agua sobre los presentes, signo del Bautismo, que es puerta de ingreso a la Iglesia en comunidad “Queridos hermanos y hermanas, supliquemos al Señor para que bendiga esta agua con la cual seremos asperjados en memoria de nuestro Bautismo. Esta agua es invocación de misericordia y salvación en virtud de la resurrección de Jesucristo”.
Antes de la bendición final, se dio a conocer a los fieles que la Catedral y el Santuario de Itacuá, fueron los lugares establecidos por el Obispo para abrirse una puerta de la Misericordia para poder recibir, a lo largo de todo el Jubileo Extraordinario, el don de la indulgencia.

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