Se conmemora hoy a San Juan Gualberto. Religioso benedictino

Fundador de la Orden de Vallambrosa. Nació en Florencia en el año 985, de familia muy rica y su único hermano Hugo fue asesinado. Era heredero de una gran fortuna y su padre deseaba que ocupara altos puestos en el gobierno.
Un Viernes Santo iba este santo por un camino rodeado de varios militares amigos suyos, y de pronto se encontró en un callejón al asesino de su hermano. El enemigo no tenía a donde huir, y Juan dispuso matarlo allí mismo. El asesino se arrodilló, puso sus brazos en cruz y le dijo: “Juan, hoy es Viernes Santo. Por Cristo que murió por nosotros en la cruz, perdóname la vida”. Al ver Gualberto aquellos brazos en cruz, se acordó de Cristo crucificado, envainó la espada. Se bajó de su caballo. Abrazó a su enemigo y le dijo: “Por amor a Cristo, te perdono”.
Siguió su camino y al llegar a la próxima iglesia el monasterio de San Miniato, se arrodillo ante la imagen de Cristo crucificado y le pareció que Jesús inclinaba la cabeza y le decía: “Gracias Juan”. Desde aquél momento la vida de Juan Gualberto cambió radicalmente. La gracia se apoderó de él de tal manera que fue a pedir al abad que le admitiese en la vida religiosa. A la muerte del abad de San Miniato, Juan abandonó el convento con un compañero y partió en busca de un lugar más retirado. Durante una peregrinación que hizo al santuario de Camáldoli, en un lugar llamado Vallis Umbrosa fundó una orden nueva en la que se observaba la Regla de San Benito. Juan modificó un tanto la observancia de esta regla, ya que suprimió el trabajo manual para los monjes de coro e introdujo a los “conversi” o hermanos legos. Probablemente el monasterio de Valleumbrosa fue el primero que tuvo hermanos legos.

Juan Gualberto temía tanto el extremo de la laxitud como el de la dureza. Velaba particularmente por la pobreza y austeridad. Sin embargo, durante una época de hambre, socorrió milagrosamente a las multitudes que acudían a Rozzuolo. Dios le concedió el don de la profecía y de obrar milagros, ya que curó a varios enfermos.  Murió el 12 de julio de 1073. El Papa Celestino le canonizó en 1193.
Fuente: Aci prensa

También se recuerda a: Santos Proclo e Hilarión, Mártires; Inés Lê Thi Thành, Santa Verónica, Mártir, La mujer que secó la sangre de Jesús;  San Juan el Ibérico, Abad;  San Juan Jones, Mártir; San Ignacio Clemente Delgado, Obispo y Mártir Dominico; San Paterniano, Obispo; Santos Nabor y Félix, Mártires; Santos Fortunato y Hermágoras, Mártires; San Vivenciolo, obispo; San León I, abad; Beato David Gunston, mártir ; Beatos Matías Araki y siete compañeros, mártires ; Beatas Rosa de San Javier (Magdalena Teresa) Tallien, Marta del Buen Ángel (María) Cluse, María de San Enrique (Margarita Eleonor) de Justamond y Juana María de San Bernardo de Romillon, vírgenes y mártires.
Fuente: Catholic.net

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