Homilía del Mons. Pistilli en la apertura de la Puerta Santa

Queridos hijos, queridas hijas:
El Profeta Sofonías anuncia que el pequeño resto de Israel, constituido por los pobres y humildes del Señor que confían en Él ingresará al tiempo de gracia, un tiempo de regocijo porque Dios hace presente en medio de sus elegidos. El tiempo de gracia es el tiempo de la presencia del Señor.
El Apóstol Pablo exhorta a la alegría constante, porque Jesús es la presencia cercana de la misericordia divina. Él nos trae el perdón, su paz cuida de nosotros. Esa alegría debe ser constante porque el mismo Dios ya no se aleja de nosotros.
Juan el Bautista señala que Cristo es mayor que él. Que su bautismo es solamente una preparación y que el Bautismo de Cristo es mayor es superior, pues nos sumerge en su Espíritu Santo. El bautismo de Juan nos sumerge en la conversión. El bautismo de Jesús es gracia que nos sumerge en la misericordia.
El tiempo de la misericordia es el tiempo de Cristo y de los cristianos. Ya el tiempo de la culpa ha pasado y la misericordia es la misión de la Iglesia.
Así volvemos a significarlo con la apertura de la puerta de la misericordia en nuestra Iglesia Catedral. Abrimos la puerta e ingresamos a nuestra casa, esta casa que está llena de la gracia de Cristo. Es una casa que conoce el pecado, porque somos pecadores. Pero la iniciativa de Dios supera nuestra miseria cubriéndola con su amor. Abrimos la puerta para que desborde la misión misericordiosa de Dios.
La alegría del cristiano es saberse rescatado y amado por iniciativa de la gracia, por un Dios que nos conoce personalmente y que se entrega personalmente. Nuestra alegría es sabernos sumergidos en el infinito mar de la misericordia del Padre, en el que somos introducidos en el bautismo de Cristo y en el que nos movemos impulsados por su Espíritu. Alégrense por han sido rescatados y perdonados, y porque este tiempo de gracia nos envuelve.
Una iglesia alegre celebra la misericordia compartiéndola con los demás. Es una Iglesia en salida, abierta, gozosa, misericordiosa, misionera. La conversión pastoral, de la que habla el Papa Francisco, se sostiene en esta misericordia que nos precede, a la que respondemos haciéndonos misioneros.
Todo el pueblo fiel, junto a su Pastor, el obispo diocesano, unido al Papa Francisco, está convocado a pasar la puerta de la misericordia y hacerse portador de la misión del Señor. Ayúdenos y seamos parte de esta iglesia misionera. Nuestra vocación primera es la misericordia no el pecado. La educación es el camino que debe conducirnos a la madurez cristiana, la que alcanzamos contemplando el rostro de la Misericordia en Jesús y asemejándonos a Él. Con Cristo, llevando su rosto y su mensaje, debemos salir al encuentro del prójimo y vivir en misión de servicio.
Este año tiene gestos especiales que vuelven a recordar y significar las gracias de este tiempo.
Todos los sacerdotes podrán perdonar el pecado de aborto a lo largo del año jubilar.
En la Catedral de Encarnación y en el Santuario de Itacuá se podrán obtener las indulgencias, realizando una peregrinación, recibiendo el sacramento de la reconciliación, participando de la Eucaristía, haciendo una reflexión sobre la misericordia, orando por el santo Padre y por sus intenciones para el bien de la Iglesia y del Mundo.
También se obtendrán las indulgencias a través de las obras de misericordia (corporales y espirituales), podrán obtenerlas los enfermos y ancianos que ya no pueden asistir a la Iglesia, los presos, los consagrados en sus claustros, podremos pedir las indulgencias para nuestros difuntos.
Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, cuidar y asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.
Dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Si bien es cierto que no podemos desatar todas las cosas que permanecen atadas, por su naturaleza particular, la Iglesia nos recuerda que los divorciados en segunda unión no están excomulgados, son bautizados miembros de la Iglesia, que aunque no pueden recibir el sacramento de la Eucaristía, no están alejados del rostro misericordioso de Cristo y están llamados a practicar las obras de misericordia. También la decisión clara del Santo Padre, de agilizar los procesos de nulidad, nos habla de una iglesia que quiere la salud de sus hijos. Que este año sea también una invitación para volver a la fe, a aquellos que se han alejado. Que sea un tiempo de bendición para que aquellos bautizados, que aún no han celebrado el sacramento del matrimonio, se acerquen a hacerlo para poder participar de la comunión sacramental.
Queridos sacerdotes, consagrados, laicos: Volvamos a celebrar el sacramento de la confesión con una buena preparación y una buena catequesis. Que la confesión sea medicina para el alma. Queridos sacerdotes, si hay algo que no podemos liberar, perdamos tiempo enseñando y consolando.
La misericordia sale a nuestro encuentro para despertar las vocaciones. Toda vocación es respuesta a la misericordia divina. Niños y jóvenes: Descubran su vocación en la misericordia.
Que las familias sean escuelas de misericordia. Allí debemos educarnos para ser misericordiosos como el Padre. Hay muchas heridas en las familias y muchas familias heridas. Hijos abandonados, madres solteras, padres ausentes…Eduquemos desde la misericordia.
Una Iglesia más mariana y más materna, es el anhelo de la Virgen, Reina de Misericordia. Vayamos a todas partes con Ella, como sus aliados, para que muchos conozcan a su Hijo Jesús. Que las comunidades sean centros misioneros, que cada pastoral sea una puerta de misericordia, que cada bautizado sea el rosto de Cristo misericordioso. Hagamos concreta la misericordia en todas partes, con obras concretas, trabajando por el bien común de nuestra casa común. Que la misericordia sea el alma de toda nuestra pastoral social. Este es un plan pastoral para una Iglesia en salida, una Iglesia accidentada, una Iglesia que hace lío, una Iglesia Misionera.
Que sea un año de alegría, de gracia y de paz.

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