“La luz no brilla al final del túnel, nos guía en todo su recorrido

“En las últimas semanas las redes sociales en las que participo, diariamente arrojan la noticia del fallecimiento de un ser querido, comunican un pedido de ayuda económica y de oración por familiares y amigos enfermos. Sé que no se trata de un algoritmo aleatorio, es simple y penosamente una realidad que nos afecta a todos. Los amigos y conocidos médicos y enfermeros se confrontan cotidianamente en cada persona afectada por la covid-19 con el riesgo y con la incertidumbre que significa el combate con una enfermedad cuyo desenlace es a menudo impredecible, con la frustración y la angustia del paciente, de sus allegados y de ellos mismos. Las curvas y estadísticas de cada día no son números, son personas, son hermanos y hermanas.

Llevamos más de un año leyendo noticias sobre este virus y no hace falta mucha perspicacia para leer en la superficie de todo comentario, que el anhelo es inequívocamente que esta pandemia llegue a su fin. Negar la realidad, huir de ella en una fantasía pseudomística o en una novelesca teoría conspirativa con tonos ideológicos evidentes, así como buscar inescrupulosamente sacar rédito económico o ventaja política en la tragedia, no contribuyen a la solución. Esto más bien confunde, desilusiona, exaspera los ánimos y complica la resolución de la emergencia sanitaria al aumentar la desconfianza, desinformar y agregar conflictos en una situación altamente sensible. Necesitamos afirmar con total claridad, que el problema es de todos sin exclusión y que todos debemos ser parte de la solución, enfocándonos cada uno en hacer lo correcto, lo necesario y lo debido.

Elevo mis plegarias a lo alto, pero con los pies firmes en la tierra. La auténtica profecía cristiana no contiene una fantasía mágica como tampoco se limita a expresar una utopía, más bien se apoya en verdades claves, como asumir la realidad que debe cambiar, la urgencia de decidirse acertadamente por el bien y el compromiso de hacer mejor las cosas. La delicada tarea de la justicia cristiana pretende que más allá de encontrar culpables, en principio reales y no chivos expiatorios, cada individuo y la sociedad se aboquen con sentido humano y empatía a la tarea de ser responsables de sí mismos y de los demás. La máxima exigencia moral de la caridad cristiana es lo que fundamenta la esperanza en el abrazo que sostiene en las buenas y en las malas, promesa que nos debemos los unos a los otros.

Estoy convencido de que el más allá de las penas de este tiempo no se inicia en el umbral del último aliento de vida, sino aquí, entre nosotros. Se inaugura cada día en el saludo amable y en el trato digno. Se desarrolla en el vínculo de pertenencia y de reciprocidad generosa que acompaña la vida social. Se sostiene en la fidelidad responsable al cuidado del bien, que corresponde a todos. Se perpetúa en la amistad que ha superado rencillas y egoísmos, alimentando esperanzas llenas de sentido y de trascendencia. Vivir de esta manera hace la diferencia y nutre la cultura saludable que sabe transformar contingencias en bendiciones.

El final de la pandemia no está más allá, en un punto remoto en el que habrá una cura y una vacuna, recuperemos lo que el Sars-CoV2 nos ha arrebatado y volvamos a poner de pie nuestra economía y nuestro sistema de vida. Está aquí y ahora cada vez que tomamos la decisión correcta y hacemos lo que corresponde. Comienza allí donde los hombres y mujeres se dan la mano, se miran con bondad, se acompañan con diligente empatía y establecen vínculos llenos de afecto real que inmuniza frente al mal, sea cual sea su origen y su intención. La luz no brilla al final del túnel, nos guía en todo su recorrido.

Pongámosle fin a la pandemia, vos y yo, nosotros, juntos aquí y ahora, y mañana, pasado mañana y después, sin claudicar, sin retroceder, levantándonos todas las veces tomados de la mano amiga, que no se desentiende, no abandona y no desiste. ¿Existen amigos así? Un Amigo así puso fin a la pandemia que nos robó la humanidad, la libertad, la salud y la vida, dio la vida para que tengamos vida. Ese Amigo está aquí y ahora, en cada enfermo y en cada corazón que ama. Dale la mano y abraza su luz.

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara / Encarnación 22/04/2021

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