MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

La línea recta… seguir la recta.
Vivir en la línea recta no resultará fácil, pero es un deber.
No resultará fácil: vivir sin declinar a la derecha o a la izquierda; sin hacer caso de los comentarios que lleguen a nuestros oídos, sean favorables, sean adversos; sin dejarse llevar por los ejemplos que otros nos presenten; sin dejarse absorber por la fuerza de los ambientes; sin fijarse en demasía en lo que hacen otras personas; esto será vivir en la línea recta y no declinar ni a derecha ni a izquierda.
Oportunidades, conveniencias, utilidades, medros, ascensos y cien y mil cosas más suelen confabularse para que no vivamos en la línea de la rectitud.
Y solemos ser nosotros mismos los que más nos esforzarnos por explicamos a nosotros y a los demás que los caminos torcidos, que seguimos, son en realidad rectos.
Pero hay dos a quienes nunca podremos engañar: nuestra propia conciencia y Dios. Son ellos los que trazan la línea recta de nuestra vida.
“Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante El” (1 Jn, 3, 18-19). No bastan palabras, se precisan obras; cuando por la noche te examines, no lo hagas sólo respondiendo a esta pregunta: “¿He dicho algo bueno? sino sobre todo a esta otra: “¿He hecho algo bueno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *