Reflexiones del Dr. P. Manfredo Wilhelm

Muchos, especialmente políticos y funcionarios públicos, están preocupados por tener o por no perder su buena reputación.
¿Qué es eso? La reputación es la opinión o consideración en que se tiene a alguien. Es el prestigio o la estima en que la persona es tenida. – La pregunta es solamente: Esa estima ¿se basa en lo positivo o lo bueno de esa persona o en qué?
La reputación de un hombre es como su sombra: a veces lo antecede y a veces lo sigue; en ocasiones es más grande que él, y en otras, más pequeña. Muchas personas cuidan de su supuesta buena reputación, pero no cuidan de su conciencia. ¿Cómo un ciudadano o funcionario puede adquirir buena reputación, cuando como persona uno lo debería despreciar? Algunos se ganan reputación de enérgicos, cuando en realidad sólo son nerviosos. Pero no puedes basar tu reputación en lo que vas a hacer mañana, sino cómo eres hoy.
Dice una Proverbio japonés: “Una reputación de mil años quizá dependa de la conducta de una hora.” Y perder la buena reputación es como estar muerto ente los vivos, porque los demás evitan tu presencia, ya no quieren compartir contigo.
Es importante entonces, que cuides tu reputación, no por vanidad, sino para no dañar tu obra, y por amor a la verdad. El gran filósofo griego Sócrates (470-399 a.C.) recomienda: “Si deseas gozar de una buena reputación, esfuérzate por ser lo que aparentas ser.”
A nuestro Señor poco o nada le importaba la opinión de la gente – tantas veces superficial, incluso maleva. Lo que a EL le importa, es la grandeza del corazón, la rectitud y sinceridad (Lc 15, 1ss).
Mi pregunta: ¿Cuál es tu reputación frente a la gente – pero sobre todo: frente al SEÑOR?
Un abrazo y mi bendición +
P. Manfredo

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