MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

El apóstol San Pablo dice en una de sus cartas:
“¿Quién de vosotros está triste, que yo no me aflija? ¿Quién está necesitado que yo no me preocupe? ¿Quién está alegre, sin que yo me goce de su alegría?”.
Indudablemente el apóstol Pablo sabía muy bien que todos los hombres eran sus hermanos y que nada podía suceder a ninguno de ellos, sin que le tocara a él muy directamente.
Todo hombre es mi semejante; es un primer paso, pero no el decisivo. Todo hombre es mi compañero; es un segundo paso, pero no el último. Todo hombre es mi hermano; es finalmente el encuentro de la fraternidad cristiana, que une a todos los hombres en el Corazón de Dios.
“Los hermanos sean unidos”, dice nuestro poema gaucho.
“Los hermanos ámense y ayúdense unos a los otros”, nos manda el Evangelio.
“¡Oh! Qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos” (Salmo, 133, 1). Unirse con los hermanos, es unirse con el Padre celestial; desunirse con ellos es aflojar los lazos que unen con el Padre. No te olvides que el bautismo no se vive si no se convive.

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