MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

Hay que saber dialogar con los que nos rodean; es muy triste no conocer otra cosa, que el monólogo; y dialogar es saber escuchar y es ponerse en disposición de comulgar con el otro. Hablar y escuchar son dos actos de idéntico valor humano, son en realidad un mismo acto. Quien no sabe escuchar, ni siquiera hablará con plenitud: voceará, gritará, monologará. Pero nada de esto es positivo. Cuando no se sabe dejar hablar, terminará uno escuchando sus propios gritos. Sólo los humildes son los capaces de dialogar; sin un sincero espíritu de acogida, no es posible el diálogo; hay que acoger al prójimo, llámese esposo, hijos, subalterno, amigo, etc… para poder dialogar. Hay silencios o monólogos, que huelen a muerto: ha muerto el amor. Si hay amor, surgirá el diálogo, pues el amor hace milagros. Cuántos silencios hostiles entre esposos, hermanos, amigos… y cuánta carga de agresividad en esos silencios!
“La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios” (GS, 19).
Dios nos habla por la Sagrada Escritura y por medio de sus inspiraciones; nosotros le hablamos por medio de la oración.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *