MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

Hay dos expresiones contrarias, que frecuentemente escuchamos y aún pronunciamos nosotros mismos: “¡Qué mala suerte tuve!”, “¡Hoy no tuve suerte1”, “¡Rendí una materia, pero sin suerte!”, Así solemos hablar cuando las cosas no nos has salido como nosotros esperábamos.
“¡Que suerte tuve!”, “¡Me cayó la suerte!”, “¡Me sonrió la suerte!”, “¡Jugué y con suerte!”, “¡Te deseo buena suerte!”. Así decimos en los casos contrarios.
En todo eso hay mucho de forma de hablar inconsciente y desconsiderada y muy poco de conciencia de lo que estamos diciendo. La suerte no es algo que nos venga porque sí.
La mejor suerte nos podemos desear será dejarnos guiar por la providencia de Dios, que todo lo que tiene dispuesto para ayudarnos a llegar hasta Él; muchas veces nosotros ignoramos cómo tal o cual suceso nos puede ayudar, pero la fe nos dice que así es.
En esos momentos, dad mejor que clamar con los salmos: “Mi suerte está en tus manos, Señor”. ¿Podemos desear otra cosa mejor que descansar en las manos de Dios?.
Coonvéncete  de una vez por todas, que Dios te ama y siempre busca tu bien. Y eso por el amor que te tiene. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que han sido llamados, según su designio” (R 8,28)

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