MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

La fe hace que el corazón y la voz del hombre se tornen instrumentos conscientes de alabanza a Dios y de júbilo para el hombre. Dios solamente se alberga donde la sencillez y la humildad le han preparado el camino.
Con esa fe se multiplica prodigiosamente la luz y la alegría de sentirse viviendo con Dios, de que uno está en Dios y de que
Dios está en uno. El creyente es un hombre de por sí optimista y alegre, de suerte que aún cara a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a las privaciones, que la vida impone, su alma queda inundada de paz y serenidad; porque en la muerte el cristiano, más que verse privado de algo, es él quien da, quien se da al Padre que está en los cielos; y quien da, quien ofrece, debe hacerlo con gozo y con paz.
La muerte, el dolor del creyente recibe una luz característica, que no es posible compararla con nada en este mundo. Solamente el creyente es el capaz de descubrirla, de comprenderla y de gozarla. Para el no creyente, esto es todo un misterio y le suena a música celestial; para el creyente, es realmente “celestial”.
“Pues de su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia” (Jn, 1, 16). No debes olvidar, que la gracia es un “don”, un regalo y que debes hacer de la vida de gracia tu verdadero ideal, el ideal de toda tu vida. Vivir en gracia y vivir la gracia en toda su plenitud: consciente y creciente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *