MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

No escatimar esfuerzos, no eludir las ocasiones que implican renuncias; ése es el verdadero camino para llegar a la perfección de la santidad.
Silenciar ese detalle que pudiera darnos renombre; no acusar esa palabra que llegó de hecho a nuestra intimidad; cerrar la puerta sin dar un portazo cuando estamos nerviosos; levantar un mueble en lugar de arrastrarlo; ofrecer una sonrisa al que nos resulta pesado; no perder la paciencia ante las insistentes preguntas tontas del nene; corregir con bondad y no con gritos al hijo adolescente; saber “perder el tiempo” permitiendo que alguien se desahogue con nosotros.
Todo eso nos sale al paso cada día; ni es preciso molestarse en irlo a buscar. Eso irá puliendo las aristas de nuestro egoísmo, de nuestro amor propio, de la cerrazón de nuestro criterio, en una palabra, de nuestro propio yo.

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