Meditaciones dominicales del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: En nuestros tiempos casi no existen niños que no frecuenten la escuela; antes no era así. Pensándolo bien nos damos cuenta, que hay que ser discípulo toda la vida – siempre debes aprender. La cuestión es sólo: ¿qué pretendo aprender y quiénes serían mis maestros?
El filósofo griego Aristóteles (385-322 a.C.) decía, que “el verdadero discípulo es el que supera al maestro”. Y cada buen maestro se siente orgulloso, cuando sus alumnos con el tiempo lo superan. El pintor y arquitecto florentino Leonardo da Vinci (1452-1519) incluso decía: “Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro.” Con eso expresa, que es como un deber superar a los antepasados, porque el tiempo y sus logros así lo requieren.
Sea como fuera, según Domingo F. Sarmiento (1811-1888), que también era un educador argentino, “los discípulos son la biografía del maestro”. Y lo son – o al menos deberían serlo -, porque reflejan de alguna manera a sus maestros.
Con nuestro Señor el asunto es un tanto diferente, porque como discípulos de El jamás podríamos superarlo, jamás podríamos dejarlo a El detrás nuestro. Pero sí, de alguna manera desea, que tú y yo seamos algo como su “biografía” – para hablar con Sarmiento. Esto significa: que nos orientemos en El y que sigamos sus pasos mostrando a los demás claramente por dónde va el camino correcto.

Si Baltasar Gracián (1601-1658), un sacerdote jesuita y escritor español, remarca, que “no hay maestro que no pueda ser discípulo”, esto vale también para nosotros, que tenemos el encargo de enseñar la Buena Nueva a otros, y que siempre debemos ser discípulos del Señor; con otras palabras: que no dejemos de aprender de EL para enseñar cada vez mejor. Es más: O el cristiano reacciona fuerte y constantemente contra la mediocridad, o no es un auténtico discípulo de Cristo. Y no es así – por más que parezca -, que Dios quiere más a los mediocres, porque los creó en mayor cantidad. Nuestro Señor nunca apuntaba a la cantidad, pero, sí, a la calidad.
Ahora nadie va a dudar, que es complicado ser buen discípulo, y más difícil todavía ser un buen maestro. Por eso el Señor, al terminar su “curso de enseñanza” a sus Discípulos les da ánimo cuando dice: “Sepan que estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 20)
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita esa frase de nuestro Papa Francisco (*1936): “Ser un discípulo significa: estar constantemente preparado para llevar el amor de Jesús a los demás, y esto puede suceder de forma inesperada y en cualquier lugar: en la calle, en una plaza de la ciudad, durante el trabajo, en un viaje.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
 
Comentario exegético. Santísima Trinidad [B] (31.05.15) Evangelio Mt  28, 16-20
Lo que a San Mateo le importa mucho en este pasaje es el hecho, de que los Discípulos realmente se fueron hacia Galilea, motivados  por el mensaje que recibieron de parte de las mujeres, cuando ellas encontraron vacía la tumba. Además, el Evangelista quiere constatar, que ellos realmente vieron al Señor. Pero, en qué tiempo ocurrió todo, eso no se especifica.
Mateo habla de los Once Discípulos, porque Judas ya no está con ellos. Ahora, al ver a Jesús, ellos – como antes las mujeres – se postran frente a El por reverencia. Pero se menciona también, que algunos dudan, si la persona que ven es realmente el Señor. Esto prueba, que el Evangelista no quiere pintar aquí ninguna situación ideal. Se comprende esta duda, tratándose de alguien que resucitó de la tumba.
Lo que Jesús les dice, es una de las palabras más imponentes y una de las más importantes de todo el Evangelio. Tiene un triple contenido: en primer lugar, el comienzo y la base para todo lo que sigue, constituye esta Palabra del Señor: “Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra.” –
De aquello resulta en segundo lugar el mandato de misionar y de bautizar. –
La tercera parte es la promesa: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.” – Ahora ya no es más el Hijo del Hombre como lo conocían antes, una figura aparentemente igual a la de ellos, y cuyo poder – a pesar de los milagros y el anuncio con poder de la Voluntad del Padre – estuvo como escondido; no, ahora habla el Enaltecido, el “Señor”, el Hijo de Dios con poder.
Y por tener “todo el poder en el cielo y en la tierra”, puede dar también el encargo de misionar a todo el mundo, porque el Señor desea salvar a todos. Aunque en los años de su vida terrenal Jesús fue enviado sólo a Israel, ahora quiere que sus discípulos se conviertan en apóstoles, en enviados, en misioneros, para todos los pueblos de la Tierra.
El encargo de misionar implica el otro de bautizar. Mediante esto se aclara, qué es lo que hace cristiano a la persona: es la aceptación con fe del Mensaje de Salvación y el recibimiento del bautismo en el nombre de la Santísima Trinidad. La predicación constante debe seguir a este bautismo para poder seguir viviendo como verdadero cristiano.
Termina este mensaje con la palabra consoladora, de que el Señor estará con los suyos en todo momento, y hasta el fin del mundo. Eso significa claramente, que no los dejará solos.

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