MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

Hay una riqueza simbólica en la luz de la vela, en la llama del cirio pascual. Su simbolismo, pletórico de significado, nos está recordando que debemos ser luz para el mundo, para ese mundo que anda entre tinieblas, tinieblas que son de error y de maldad, maldad que se esparce por las cuatro latitudes, latitudes que deberán ser renovadas por el hombre cristiano, hombre cristiano que ha de ser un cielo desbordante de luz.
La luz de la vela es un grito de vida espiritual; es una lengua que pregona la venida del Salvador, que fue “la luz del mundo”. Esa débil luz de la vela, ese débil resplandor, tapado por el chorro potente de los modernos reflectores, está indicando que, en medio de todo este mundo dinámico, aplastador, desbordante, hay que saber descubrir la luz de la fe, que es un canto de gozo y de triunfo sobre todas las limitaciones humanas; luz que es mensajera de un mundo inmaterial de paz y de amor.
Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu y los que le adoran, deben adorarle en espíritu y en verdad” (Jn, 4,23-24 ),

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