MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

Todos tenemos buena voluntad; a pesar de ello, nos ofendemos mutuamente, nos molestamos unos a otros, porque no tenemos ni los mismos gustos, ni las mismas inclinaciones, ni la misma manera de ser.
De ahí la necesidad, que nos urge, de ser mutuamente comprensivos, de sabernos comprender, de disimularnos las molestias, de perdonarnos, de olvidar agravios, de no ser excesivamente susceptibles.
El que perdona es digno de ser perdonado. “Con la medida con midan serán medidos”. El que comprende con facilidad será fácilmente comprendido; el que es bueno con todos, conseguirá que todos sean buenos con él; el que ama, será amado; no se extrañe el que no ama a nadie de que nadie lo ame a él; no se extrañe y no se queje y no eche la culpa a otros, pues es él el culpable, el causante de la frialdad que nota a su alrededor.
Condición indispensable para que nosotros podamos rezar el Padre Nuestro es que perdonemos las ofensas que recibimos, a fin de ser perdonados por las ofensas que causamos; que perdonemos a los hombres, para que nos perdone Dios. “Si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra tí, deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24)

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