MEDITACIONES PARA CADA DIA DEL AÑO: Los 5 minutos de Dios de Alfonso Milagro

Preocuparse por los demás, pensar en los demás, entregarse a los demás, en cristiano se llama “apostolado”; el apostolado no es una asignatura opcional para los cristianos ni un artículo de lujo del que se puede prescindir.
Aunque, según el Papa Juan, ni siquiera sería preciso exponer el mensaje cristiano si nuestra vida fuera auténtica; ni sería necesario recurrir a las palabras si nuestras obras dieran testimonio.
No debemos olvidar que el hombre no se salva hasta él mismo no se convierte en salvador de los demás; solamente se salvará salvando.
Ante el múltiple trabajo que queda por hacer conviene recordar el proverbio oriental: “Más vale encender un fósforo que maldecir la oscuridad”; más que lamentarnos de que falta mucho por hacer, o de que los otros hacen poco, hagamos algo nosotros, encendamos una luz para disipar las tinieblas.
El “Sálvese quien pueda!” no es cristiano.
Indudablemente hay que salvarse en racimos; con los hermanos y por los hermanos; salvando, nos salvaremos. “La sangre de tu hermano grita a mí desde el suelo” (Gn 4,10). “Los niños pequeños piden pan y no hay quien se lo reparta” (Lam 4,4).

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