MENSAJE DEL OBISPO DIOCESANO A LOS JÓVENES

Muy queridos jóvenes:
Tanto la historia como las experiencias de la vida nos enseñan que existen conquistadores y consecuentemente conquistados, y que existen diferentes maneras de conquistar. Una conquista puede ocurrir por la imposición del más poderoso o por la habilidad de seducir. Si seguimos nuestras tendencias instintivas, podríamos reconocer que naturalmente nos gustaría ser más bien conquistadores antes que conquistados. Ser conquistado tiene un “gustito” poco apetitoso.
Debo decir que me sorprendió el título de la Pascua Joven de este año. Me pregunté: ¿es Cristo un conquistador? Mi primera respuesta espontánea es “no”. Los conquistadores que conozco han sido aquellos que impusieron su voluntad sobre la vida de otros. El Cristo que conozco, el Cristo en el que creo, el Cristo de nuestra fe, es aquel que no vino a condenar sino a perdonar, el que vino a cumplir la voluntad de su Padre, quien quiere que ninguno se pierda, el que lavó los pies de sus amigos, el que fue traicionado y pendió de la cruz, el que venció a la muerte y comparte vida con aquellos que creen en El, con aquellos que tienen fe y lo siguen a Él y siguen su camino y manera de vivir.

Pero debo confesar una segunda respuesta: Confieso que Cristo me ha vencido muchas veces y me sigue venciendo. Me he sentido superado por El muchas veces, siempre. Cada vez que vuelvo a leer las páginas de mi historia de vida, vuelvo a recordar que en el encuentro con Jesús, siempre fui superado. Pero nunca me sentí derrotado al reconocer la victoria de Jesús en mi vida. Cuando leo los Evangelios y medito sobre la vida de los discípulos, me reconozco en ellos como un seguidor, un discípulo, uno de aquellos que fueron ganados por ese Jesús que sencillamente lo dio todo, sin buscar nada para sí mismo. Todas las veces en que fui derrotado por Cristo, nunca me sentí perdedor. Siempre me sentí ganador a su lado, haciendo el camino de los humildes que son ensalzados. Fui conquistado.
¿Déjate conquistar por Cristo? Si de veras se encuentran con Cristo pueden tener la oportunidad de sorprenderse. Aquellos que se han encontrado con Jesús, en verdad, fueron encontrados por El. El encuentro es decisivo, allí se forjan valientes, allí se forjan mujeres y varones plenos y verdaderos, allí nacen Hijo amados de Dios.
Me animo a dar tres pistas, que pueden despertar el interés de encontrarse con Cristo:
1) NOS SUPERA SU AMOR. La amistad con Cristo se forja en su cercanía, en su fidelidad, en su autenticidad, en su confianza: “Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. Juan 15, 15
2) NOS SUPERA SU ENTREGA EN LA CRUZ. Encontrarse con Jesús es comprender el misterio de esa cruz. “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Juan 15, 12-13
3) NOS SUPERA LA ALEGRÍA DE SU VIDA Y DE SU RESURRECCIÓN. Las alegrías de este mundo no se pueden comparar con una que no se acaba y que no puede ser derrotada por el mal: “También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar”. Juan 16, 22
Queridos Jóvenes: A muchos nos ha conquistado esta alegría que no se acaba. La alegría de quien nos amó más que ninguno, la alegría de quien lo dio todo para rescatarnos, la alegría que supera toda expectativa. Les deseo “Felices Pascuas”, y que la alegría del Resucitado los conquiste.
+Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo de Encarnación

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