Método Catequístico Fundamental

Primera parte: LA METODOLOGÍA DE JESÚS (Los Discípulos de Emaus) EXPOSICION CON PARTICIPACION ACTIVA DE TODOS LOS PRESENTES

Se proclama el texto: Lc 24,13-35. ¿Qué hacían los dos discípulos? ¿Por qué estaban desanimados? ¿Qué hizo Jesús? ¿Qué respuesta recibió? ¿Qué comentaban por el camino? ¿Cómo respondió Jesús? A partir de esa nueva pregunta, relataron lo que había sucedido, cómo lo habían vivido, la frustración que tenían. Alentados por el interés que Jesús demostraba, pasaron de una descripción exterior de los hechos acontecidos a relatar cuál había sido su actitud ante esos hechos, cuál había sido su experiencia humana profunda. Podemos observar cómo Jesús por medio de preguntas logró que estos discípulos explicitaran la raíz de su problemática, la experiencia fundamental que habían tenido: la incredulidad. Cuando llegó a ese punto central de la situación que estaban viviendo los discípulos, ¿qué hizo Jesús? Comenzó a enseñarles. Recurriendo a la palabra de Dios que ellos ya conocían. No les dijo nada nuevo, sino que simplemente les hizo recordar lo que ya sabían, aplicándolo al problema que le presentaban. Jesús acudió a la memoria y a la inteligencia de estos hombres. ¿Cuál fue el contenido de lo que les anunció? Que era necesario que el Mesías sufriera para entrar en su gloria. Cristo debía morir para resucitar. Es decir, les presentó el centro fundamental del mensaje cristiano: la Pascua de Jesús. Para ser liberados, para resucitar, hay que aceptar la muerte. ¿Qué hizo Jesús cuando llegaron cerca del pueblo al que se dirigían? Hizo ademán de seguir adelante. Jesús no quería imponerse, ni obligarlos a creer. Él les proponía la respuesta a sus interrogantes, respetando su libertad. Así obra siempre Dios: propone (no impone) la verdad, respetando la libertad de cada uno. ¿Cómo reaccionaron los discípulos? ¿Qué pasó luego? Realizó un gesto: el gesto eucarístico, que ya conocían. En ese momento terminaron por reconocerlo y Jesús desapareció. Esto tiene un doble significado. Por una parte, nos señala que con la fe no se ve físicamente, sino que es una realidad de orden espiritual. Por otra parte, indica que cuando el catequizando descubre a Cristo y establece una relación personal con él, el catequista ha completado su misión. ¿Qué reflexión hicieron entonces los discípulos? Dijeron: ¿No ardía acaso nuestro corazón? Es que el fuego del amor de Dios había llegado a ellos porque Él no habla sólo a la memoria y a la inteligencia, ¿Qué respuesta dieron? Movidos por la fe, volvieron a Jerusalén a contar lo que les había sucedido. Regresaron a la comunidad de fe de la que se habían apartado desesperanzados. La auténtica experiencia de fe provoca misioneros, testigos, enviados. Estos discípulos se convirtieron en testigos de la resurrección de Jesús. Aceptaron que la liberación se había realizado, aunque de manera diversa de la que ellos imaginaban. Descubrieron que Dios actúa de modo diferente de los hombres. Dieron así su respuesta libre, producto de un encuentro auténtico con Jesús. Sintetizando, podemos señalar tres momentos: 1. Jesús toma la iniciativa: Él se acerca, acompaña. Va con ellos, es decir, no se impone sino que camina fraternalmente. Parte de la situación concreta que ellos viven, de sus problemas y aspiraciones. A través del diálogo los ayuda a explicitar los profundos interrogantes que tienen. Explica el significado de lo que Moisés y los profetas anunciaron e interpela la actitud que ellos tenían: “¡Hombres duros de entendimiento!, ¡cómo les cuesta creer!”. 2. Jesús respeta la libertad de los discípulos: Después de haberlos interpelado con la palabra de Dios, hace ademán de seguir de largo. 3. Los discípulos le piden que se quede con ellos. Es el primer paso de una conversión: necesitan escuchar lo que el Señor les dice. Jesús los introduce en la oración y en la Eucaristía. En ese momento se acaban las vacilaciones de los discípulos. Su respuesta de fe se transforma en testimonio cuando vuelven a la comunidad para contar lo que han vivido. Estos tres pasos o momentos son los que la catequesis ha asumido como método propio y son habitualmente llamados: MOTIVACIÓN, ILUMINACIÓN y COMPROMISO (o respuesta de fe).

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