Hermoso Pesebre frente a la Explanada de la Catedral de Encarnación

Frente a la Catedral “Nuestra Señora de la Santísima Encarnación” se puede visitar y apreciar el original y colorido pesebre navideño donde se representan al Niño Jesús, la Virgen María, San José, al Ángel y a los tres Reyes Magos.
Esta representación puede verse sobre la calle Juan León Mallorquín.

El Pesebre reaviva el nacimiento de Jesús
El tradicional pesebre de Navidad marca el inicio de las festividades marianas y representando el nacimiento del Niño Dios. El pesebre hecha con ka’avove’i o techo de paja es una costumbre y tradición del Paraguay. En esta época del año es costumbre preparar el pesebre para revivir la Navidad de Jesús. Se cuenta que la tradición nació de la mano de San Francisco de Asís en el siglo XIII después de Cristo, esparciéndose posteriormente a todo el mundo; siendo el objetivo esencial revivir con imágenes el nacimiento de Jesús -hace más de 2.000 años- en un humilde pesebre de Belén, rodeado de María y José; y según la creencia cristiana rodeada también, de animales (vacas, ovejas, burros, gallo) y de algunos pastores; a quienes -unos días después- se sumaron en la adoración los Tres Reyes Magos, que fueron guiados hasta el lugar por una estrella.
Francisco de Asís, abismado ante el amor de Dios hecho hombre, pequeño y pobre, quiso dar visibilidad al misterio, dio lugar al nacimiento de los pesebres. Allí Dios, invisible y presente, el niño, la naturaleza del mundo, un espacio de la tierra para él, unos animales, y unos adoradores.

Álvaro Torres Fajardo sacerdote eudista(*), expresa que la razón de ser de los pesebres es dar visibilidad al misterio. No es un espectáculo, no es un escenario vacío y sin alma, no es un alarde de imaginación y de arte sin sentido. El pesebre, el misterio que quiere descubrir, debe dejar presentir la presencia viva de Dios: por eso hay ángeles, voces que gritan gozosos la paz y el amor de Dios a todo hombre y mujer de la historia; debe anunciar la encarnación por eso hay un niño, real como lo niños, pero que lleva en sí la carga de lo divino; por eso allí hay pobres, porque ellos, todos los hombres y mujeres del mundo, representados por María, la madre, por José, por los pastores marginados y temidos, son la razón de esa irrupción de lo divino en un lugar desapacible; por eso hay animales y pajas y muchas otras realidades del universo, estrellas, agua, árboles, porque también hacen parte de la presencia del misterio. Que sean antiguos, que sean actuales, que el escenario al que llega Jesús represente una cultura u otra es explicable. Es el mundo donde se hace presente el misterio de Dios.
Mientras haya tiempo, mientras haya escenario para Dios y su enviado en el mundo, mientras haya hombre, y ante Dios todo hombre es un pobre, habrá pesebres que nos harán soñar que estamos sin cesar invadidos por el misterio del amor acuciante de Dios.

El pesebre y la navidad del Paraguay
David Galeano Olivera –un estudioso de la costumbre paraguaya- relata que a inicio, diciembre se llena de los frutos de la tierra: sandías, melones, piñas, uvas; además, del rico choclo; y todo el Paraguay se cubre del agradable y característico olor de la flor de coco.
Hasta hoy la gente del campo sale a buscar las ramas de ka’avove’i, arbusto que abunda en esta época. Esas ramas son clavadas en el suelo, formando el pesebre, a modo de pequeño altar; y dentro del mismo los miembros de la familia alojan las imágenes de arcilla de Jesus, Santa María, San José, el Ángel Gabriel, la paloma, la estrella, los pastores, los animales: vacas, ovejas, burros, el gallo y por supuesto los infaltables y siempre esperados Tres Reyes Magos. Como ofrenda se ubicarán alrededor del pesebre la flor de coco, sandías, melones, piñas, naranjos, bananos, etc. Al atardecer una vela se encenderá para recordar a Jesus que es luz y es vida.
El día de la Nochebuena, las familias se reúnen en la casa de los padres. Los que son del interior y que viven lejos de sus padres (dentro del país o fuera de él) retornan a sus hogares para pasar todos juntos la Nochebuena y la Navidad          
En el horno se preparan ricos platos como el asado de cerdo, gallina, carne vacuna u oveja. También de ese horno salen humeantes y olorosas sopas paraguayas y chipa guasu. En tanto, en una enorme olla se hierve la mandioca. Asimismo, se prepara el rico clericó, mezclando toda clase de frutas: manzanos, naranjos, piñas y uvas. Un cántaro lleno de clericó se ubica al costado del pesebre para servir a los visitantes en jarros de arcilla.
Al atardecer, los niños y más jóvenes ya están todos recién bañados, limpios, bien peinados, luciendo ropas nuevas. Ellos salen a recorrer el vecindario, a visitar los pesebres; siendo recibidos por los dueños de casas, que los hacen pasar hasta donde está el pesebre y allí sentados miran el pesebre. Los dueños de casas les servirán un pedazo de sopa, el clericó y a la ida los visitantes reciben caramelos. Es costumbre repetir una frase ritualística por todos conocida “Que lindo es tu pesebre”.           
Luego, cerca de la medianoche o a la medianoche, los miembros de la familia se sientan alrededor de la mesa, cubierta por un mantel blanco de ao po’i, a compartir la cena de Nochebuena y Navidad, escuchando villancicos y canciones de navidad. A la medianoche, entre explosiones de petardos, todos se confunden en un fuerte abrazo, y entre besos y lágrimas, se saludan con un FELIZ NAVIDAD.

* Los Eudistas, seguidores de San Juan Eudes, son obreros de la evangelización, trabajan por la renovación de la fe en el Pueblo de Dios. Preocupados porque la Iglesia tenga siempre buenos pastores, colaboran, según sus posibilidades y el llamamiento de los obispos, en suscitar vocaciones, en la formación y en el servicio a los presbíteros y demás ministros.

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