Reflexiones Dominicales del Dr. P. Manfred Wilhelm

Mis amigos: Repetidas quejas en nuestros Medios: “Diputados se comerán más de 2.500 millones. – La Cámara de Diputados volvió a adjudicar para el presente período legislativo unos 2.540 millones de Gs en servicios gastronómicos, a pesar de cuestionamiento de la ciudadanía y de la supuesta autocrítica de los propios Diputados.”
No es la primera vez. Ya el año pasado habían considerado que el sideral gasto era innecesario. Se estima que los 80 Diputados consumirán en el año sólo en comida y bebida un promedio de 31.750.000 Gs, mientras que por día el gasto será de 148.364 Gs. – Todo eso detallado en platos fríos, platos calientes, bocaditos y bebidas.
La firma requerida estima un precio por bufé tipo “ejecutivo”, además de bocaditos salados, chipitas y gaseosas. Según la resolución de adjudicación deberá proveer a los Diputados y a sus funcionarios un servicio de entrega de comida, cuyo precio es de 10.500 Gs. A pesar de la promesa de reducción del gasto en un 50%, nuevamente este año se presupuesta el mismo monto.
También se suelen realizar agasajos con motivo de visitas de autoridades o actividades especiales de las Comisiones. El dramaturgo español Luis Vélez de Guevara (1579-1644) decía: “La hora perfecta de comer es, para el rico cuando tiene ganas, y para el pobre, cuando tiene qué.”
Los más beneficiados son los funcionarios superiores, activistas políticos y “ahijados” de Legisladores. Ese año rige una nueva matriz salarial tras del escándalo de los múltiples aguinaldos y beneficios. A pesar de todo, hay groseros aumentos de ingresos en Diputados, pero a la vez se mantuvieron e incrementaron bonificaciones, y todo eso con el dinero de los contribuyentes. Decía con razón el poeta alemán Bertolt Brecht (1898-1956): “Primero viene la comida, luego la moral.”
Está visto que les importa un comino lo que opina la ciudadanía. El gran filósofo hindú Mahatma Gandhi (1869-1948) opinaba: “Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres.” Cierto es también, que todos quieren comer a la mesa del gobierno, pero nadie desea lavar los platos sucios.

Personalmente no recuerdo haber visto por tele algún Parlamento, donde se come, durante el trabajo; pero sé bien, que en otros países los Diputados se van a un Bar, donde ofrecen comidas y bebidas, y cada uno paga lo suyo. Aquí son tan sinvergüenzas – no tienen sangre en la cara: en primer lugar para comer cuando hay que trabajar, y luego que pague el pueblo – justamente a las personas que más ganan que la enorme mayoría de la ciudadanía. Probablemente no conocen la frase popular que dice: “Comer para vivir, en vez de vivir para comer.
Que tengas un FELIZ DOMINGO, y considera esa frase del sacerdote francés Abbé Pierre (1912-2007): “Dos tercios de la humanidad anda mal, porque comen demasiado poco; el otro tercio anda mal, porque come demasiado mucho.
Y a vos ¿qué te parece?
 
 Comentario exegético. 2. Domingo de Pascua [B] (12.04.15) Evangelio Jn 20, 19-31
A la tardecita de la Pascua los Discípulos se encuentran reunidos. Sienten miedo de los judíos, y por eso tienen las puertas trancadas.
El Resucitado aparece de repente en medio de ellos y los saluda como de costumbre, con la fórmula solemne de bendición: “La paz sea con vosotros.” Con este saludo les quiere traer la paz verdadera.
Su llegada con las puertas trancadas revela, que posee ahora una forma de ser sobrenatural, no sometida ya a las leyes del espacio. Como, al llegar así, podría ser tomado como un espíritu, como un fantasma, muestra a los Discípulos las marcas de las heridas en las manos y en el costado. Con eso quiere convencerles de la realidad de la resurrección y de su identidad con el Crucificado.
Al ver al Señor, cuya resurrección les había avisado María Magdalena, se llenan de gran alegría. Se ha cumplido entonces la promesa del Señor cuando se despidió, en el sentido de que cambiaría la tristeza de ellos en alegría. 
El Resucitado repite ahora su deseo de paz. Acto seguido les entrega un mandato de envío. Lo formula de la misma manera como en su oración de despedida, donde considera este envío como algo ya cumplido, porque lo estuvo en el espíritu. Y como El es el Enviado del Padre, así los discípulos deben ser los enviados de EL. El contenido del mensaje es, que ahora tienen que continuar la obra encomendada por el Padre, es decir: anunciar a los hombres la Revelación Divina. Acto seguido el Señor les transmite el Espíritu, que anunciaba ya en sus alocuciones de despedida.
El simbolismo del soplar tiene su modelo ya en el Libro Génesis, donde está dicho  que Dios sopló al primer hombre la vida. Como en aquello se trató de la vida física, aquí se trata de la transmisión del Espíritu Divino como herramienta para el oficio, para el cual designa a los Discípulos. Se les da el poder de perdonar o de retener los pecados, lo que San Mateo relata con respecto a Pedro y a los Apóstoles. Jesús transmite entonces el poder de perdonar los pecados, lo que El mismo practicaba durante su actuación anterior entre ellos.
Tomás no estuvo presente, cuando Jesús apareció esta primera vez en la tardecita del Domingo de Pascua. Los Discípulos se lo cuentan todo: que lo habían visto al Señor. Pero él se niega a creer esto hasta que él mismo se haya cerciorado de ello, incluso con tocarlo al Señor. Se niega a aceptar cualquier testimonio ajeno y quiere creer solamente en lo que puede constatar a través de sus sentidos.
Lo que exige en su caradurez se lo concede el Señor una semana más tarde. Por lo visto todos estuvieron de nuevo reunidos en el mismo lugar, cuando Jesús se hace presente también de igual forma repentina y misteriosa como una semana antes. Ahora invita a Tomás a acercarse y a tocarle las marcas de las heridas para tener plena seguridad. Pero el Señor agrega una suave reprimenda de no permanecer en su negación de fe sino en aceptar todo y creer.
Tomás quedó tan sobrecogido por la aparición repentina y misteriosa del Señor, que sólo sabe pronunciar: “Señor mío y Dios mío.”
Lo que dice ahora el Señor es menos un reto para Tomás, sino más una instrucción para las generaciones venideras, porque a ellas no les será posible la experiencia directa de Tomás, pero se nos exige la misma fe mediante el anuncio del Evangelio. A estos futuros discípulos Jesús desde ya los proclama “beatos”, porque evidenciarán la misma fe que aquellos, que fueron testigos oculares.

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