Reflexiones del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: “Paraguay es el segundo más corrupto de la Región. Venezuela y Paraguay siguen siendo percibidos como los países más corruptos de América Latina, no muy lejos de Somalía, Corea del Norte y Afganistán, que son los peores en el Indice.”
Cualquier ciudadano, que se siente mínimamente patriota, quiere estar orgulloso de su país. En el nuestro puedes ver, que en cualquier protesta alzan la bandera, aunque muchos ni saben lo que eso significa. Los colores nacionales nuestros proclaman: justicia, paz y libertad. La falta de justicia es la primera causante de toda corrupción reinante, y por eso nos falta más paz y verdadera libertad.
Dicen los Medios, que en el “vagón de cola” en el continente americano, como los más corruptos de la región, cierran la lista Paraguay con sólo 25 puntos sobre 100, en el puesto 150 de 176. Además: América Latina es la región más violenta, donde mayor es la desigualdad. Todo el mundo sabe, que hace falta más liderazgo de políticos y empresarios y una mayor concienciación a nivel ciudadano, de que la democracia no son sólo las elecciones. Ya antes del tiempo usan de manera osada  y prohibida edificios públicos para colocar propaganda particular.
Últimamente casi no escuchamos otra cosa – aparte de los robos, asaltos y asesinatos – que sobre la corrupción de la Policía, de los políticos metidos en el narcotráfico, en el deporte – como es el caso de la FIFA. Quieren ganar dinero – mucho dinero, y muy rápido. Por eso decía Dominic Nahr (*1983), un periodista suizo: “Corrupción es la autopista al lado del camino normal.”

No hay transparencia en las instituciones públicas, no hay coraje para implementar justicia, y todo eso porque ya no hay moral. Los tiempos más corrompidos son aquellos en que más se miente. Si Friedrich Nietzsche (1844-1900), el filósofo alemán, decía: “La humanidad no está corrompida por su vicio sino por su ignorancia.” 
Me imagino que no me lo vas a tomar mal que te digo, que no hay moral, porque esa gente no tiene a Dios en su vida; y entonces tienes el resultado de todo eso. Esa es parte de la ignorancia de los que se creen tan sabios, pero están muy lejos de Dios. Mucho sentido aquí tiene aquel Proverbio árabe que reza: “El mercado de la corrupción siempre estará abierto.” Sólo la conciencia, basada en el respeto de Dios, es capaz de cerrar aquella puerta, que abre todo tipo de corrupción.
Algo muy cierto e importante ha dicho el político paraguayo Carlos Mateo Balmelli (*1961): “No vamos a poder vencer la corrupción, que es la causa de pobreza en nuestro pueblo, si es que sigue habiendo impunidad; si es que sigue habiendo jueces y fiscales que no tienen el coraje de aunar el derecho con la verdad y la moral.”
Que tengas un FELIZ DOMINGO, y medita la frase que pronunció el Papa Francisco en Nápoles, marzo 2015: “La corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que deja que le invada la corrupción no es cristiano, ¡apesta!”
Y a vos ¿qué te parece? 
 
 Comentario exegético 12. Domingo Ordinario [B] (21.06.15) Evangelio Mc 4, 35- 40
La escena aquí narrada quiere, igualmente como las dos siguientes, revelan el gran poder de Jesús. Todo está relatado hasta en los más mínimos detalles para acentuar eso.
Jesús, cansado después de sus predicaciones durante el día, desea apartarse algo de la muchedumbre. Por eso pide navegar hacia a la otra orilla, la del Este. El viaje en barco, que suele durar varias horas, le debería servir de descanso. Y como ya era tarde al iniciar el viaje, pronto comenzará a oscurecerse. Esta situación habrá hecho más terrible todavía la tormenta que está por producirse.
Los discípulos despiden entonces a la gente a pedido del Señor y comienzan la travesía sobre el Lago. En los demás botes que los acompañan, habrán estado otra parte de los discípulos y gente que vive en la parte del Este del territorio del Jordán, que ahora quiere volver a casa.
La descripción del comienzo de la tormenta es muy detallada. Dada la situación que el Lago de Genesaret está situado dentro de una “olla”, rodeada a los tres lados de paredes muy altas, las tormentas podían ser muy peligrosas, pero de tal manera, que hasta los pescadores más experimentados solían tener miedo. Y cuando comienza a entrar agua en el bote, la situación peligrosa se hace más evidente todavía.
 Jesús no se da por enterado de todo eso, porque duerme profundamente. Es la imagen de un enorme contraste. Sintiendo el gran peligro, los Discípulos lo despiertan al no saber más qué hacer. Lo hacen en un tono de reproche. Estas palabras, dirigidas a un somnoliento, recién sacado de su sueño profundo, no tienen mucho sentido, pero expresan claramente la desesperación.
Ahora, Jesús se dirige amenazante al viento huracanado y al Mar, muy semejante como lo hace con los demonios, cuando libera a los poseídos de ellos. Ordena poderosamente silencio. La situación se acentúa más crítica todavía al ver el resultado: la tormenta cesa inmediatamente, y las olas, que normalmente deberían notarse todavía un tiempo, se alisan al instante. El silencio de repente es tal, que todos los presentes se sienten como paralizados.
El Señor, hace momentos todavía sumido en profundo sueño, se revela ahora como el Señor de todos los elementos, expresando su amenaza con una palabra de mando. Recién ahora se dirige a los Discípulos, revelando su superioridad absoluta en esta situación, como si la eliminación del peligro para El no fuera otra cosa como lo más natural.
El reto que reciben los Discípulos acto seguido suena muy duro, tomando en cuenta la magnitud del peligro pasado. Pero se han comportado como cobardes, temiendo por su vida, porque revelan así su falta de fe en Jesús. Pero, ¿de qué fe ha de tratarse? No puede tratarse de la fe en la Providencia de Dios, en cuyas manos está la vida y el destino de los hombres. En el fondo Jesús quiere decirles: Después de haber estado tanto tiempo compartiendo con El, y después de haber visto tantas pruebas de su Poder Divino – ¿todo aquello todavía no les ha abierto los ojos? De otra manera tendrían que haber sabido, que nada puede pasar a aquel, que está a Su lado.
La impresión que causó este milagro, lo que muestra el poder de Jesús sobre los elementos, evoca en todos un gran respeto, porque se dan cuenta, que tienen al dueño de la naturaleza en medio de ellos.

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