REFLEXIONES DIARIAS PARA EL CRISTIANO DE HOY: No eres, Señor, un Dios al que pudiera la maldad agradarle

Es así como el salmista trata de explicar que el bien y el mal son de plano incompatibles
No eres, Señor, un Dios al que pudiera la maldad agradarle.  Es así como el salmista trata de explicar que el bien y el mal son de plano incompatibles.
El problema de los humanos es que a veces queremos que sí sean, al menos un poquito, compatibles.  Por una parte Dios nos convence y admiramos el bien, pero no dejamos de ver de reojo la parte atractiva del mal, y quisiéramos que al menos un ratito el mal dejara de ser mal.  O nos empezamos a preguntar: “¿pero qué tan mal puede estar si muchos lo hacen?” o “antes estaba mal pero los tiempos han cambiado y ya no está tan mal” o “es que leí un libro que dice que eso es hasta bueno”, y así, vamos buscando argumentos porque no perdemos la esperanza de poder disfrutar un poquito de algo que sabemos que es malo.

Todo ese trabajo de jugar con el fuego y no romper de manera definitiva con el mal llamándolo con toda claridad por su nombre, no le viene bien al alma, porque en ese estado el alma no termina de desapegarse del mal.  Sí, se defiende a medias del mal pero al mismo tiempo va tras él inocentemente, como no queriendo la cosa.  Es algo parecido al “fue sin querer queriendo” del Chavo del 8.  En ese estado el alma trata de seguir jugando entre dos fuegos, no termina de decidirse  a quemar sus naves para optar por el bien y no quiere ver con claridad que el mal nunca es una opción válida porque está clarísimo que el mal daña al alma y la debilita en su capacidad de perseguir entusiasta y generosa el bien.  Por eso, ¡cuánto bien le hace al alma contemplar a nuestro Dios, que no es un Señor al que pudiera la maldad agradarle!
Por: Arturo Guerra, LC | Fuente: Catholic.net

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