Reflexiones dominicales del Dr. P. Manfredo Wihlelm

Mis amigos: Es una de las sorpresas de la vida, cuando con cierta edad comienzas a darte cuenta, que no escuchas muy bien lo que hablan alrededor tuyo; a más tardar cuando alguien te dice, que preguntas cada vez más respecto a lo que decían. Puedes consolarte: son cosas de la vida – y de muchos.
Por el otro lado no faltan los que no escuchan, pero porque no quieren escuchar. El teólogo estadounidense William Stringfellow (1928-1985) decía, que “pocos sabemos escuchar. Imposible atender a otro, mientras pensamos en nuestra apariencia, o en impresionar, o en qué vamos a responder, o si lo que nos están diciendo es verdadero, importante o ameno”.
El saber escuchar suele ser una gran calidad de un buen educador. Es más: Lo que somos, eso habla tan alto, que la gente no puede escuchar lo que decimos. Con otras palabras: Tu forma de ser y tu ejemplo de vida hablan más fuerte e impresionan más que muchas palabras. Por algo decía Madame de Sevigné (1626-1696), una escritora francesa: “Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua, es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar.”
Interesante ese Proverbio italiano que reza: “La sabiduría viene de escuchar; de hablar, el arrepentimiento.” Es fácil de entender: Aquel que no para de hablar, poco tiempo tiene para pensar, analizar y sacar conclusiones, y por lo tanto está en peligro de decir poco lo que vale la pena. La sabiduría, sin embargo, es el resultado de mucho pensar y de frecuente meditación.

Tu calidad humana, tarde o temprano, se manifestará en tu forma de ser. Por eso decía el conocido escritor estadounidense Mark Twain (1835 – 1910): „La amabilidad es una lengua, que los sordos pueden escuchar y los ciegos pueden leer.” Además, escuchar con paciencia es muchas veces una caridad mayor que dar.
En el Monte Tabor, durante el momento de la Transfiguración, nos exige el Padre del cielo, que de una vez por todas prestemos atención a su Hijo Jesús, y que lo escuchemos – pero con toda atención. Ahora hay que tener en cuenta: “Dios es como un médico: Él no escucha a la voluntad del paciente, escucha sólo a las demandas de salud.” Eso dice San Agustín (354– 430).
María escuchó atentamente al Angel que le trajo la gran noticia; y seguramente escuchaba bien a su Hijo divino. Y José era un hombre que siempre escuchaba la voz de Dios, que era profundamente sensible a su voluntad oculta como un hombre atento a los mensajes que le llegaban desde el fondo de su corazón y también desde arriba.
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita lo que decía el Papa Francisco: “La oración tiene que ser valiente, con la confianza de que el Señor nos escucha.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
 Comentario exegético 2. Domingo de Cuaresma [B] (1.03.15) Evangelio Mc 9, 2-10
El acontecimiento relatado es tan importante, que por un momento lo celestial entra en la vida terrenal de Jesús, lo cual no era del todo comprensible para los Discípulos. Jesús no se presenta aquí hablando, aunque está en el centro de lo que pasa. 
La indicación de los “seis días después” se encuentra muy poco en Marcos; tampoco se aclara bien, qué es lo que pasó antes. Sólo los tres más amigos del Señor, los que estarán también cuando resucita a la hija de Jairo, podían estar presentes esta vez; también lo estarán más tarde en el Huerto de Getsemaní.
Jesús cambia delante de ellos su aspecto y se presenta en una luz sobrenatural, que no proviene desde afuera. Por eso resplandecen también sus vestimentas. Esta transfiguración adelanta por un momento su forma escatológica, su forma de ser más tarde en la eternidad.  La tradición, de que todo eso ocurrió en el Monte Tabor, data del siglo cuarto. Pero para Marcos la indicación geográfica es irrelevante.
Al lado de Jesús aparecen en forma transfigurada dos de los Profetas más grandes del AT. Por qué aparecen justamente ellos, eso no queda claro tampoco. Tal vez, porque también en el Apc 11,6 se nombra a Moisés y Elías como Precursores del Mesías. De todos modos, el Evangelista desea significar, que Jesús es el Mesías. – El contenido de la conversación entre estos Profetas con Jesús indica solamente San Lucas.
El ofrecimiento de Pedro para edificar tres chozas tiene por objetivo, por un lado, preservar la dignidad de cada uno de ellos, y por el otro lado, para que las tres figuras eminentes se quedaran para siempre. Este propósito, sin tener mucho sentido, disculpa el Evangelista por la grandiosidad del momento y la confusión de los Discípulos. Pedro tampoco considera, que con esto actuaría en contra de la misión mesiánica del Señor. Además, en la gloria celestial  no se necesita ninguna ayuda terrenal.
Una nube luminosa, mencionada en el AT, es una forma de apariencia de Dios, que por un lado no lo revela, pero tampoco lo oculta. De esa nube aparece la voz del cielo, que lo llama a Jesús igual como en su bautismo: “mi Hijo dilecto”, a quien hay que escuchar para el bien de todos. Es, además, la confirmación desde el cielo, de que Jesús es el Mesías.  Pero no se dice nada acerca de una pasión.
Pedro, que aparece en primer plano entre sus amigos – aunque casi siempre en el Evangelio de Marcos en una forma poco ventajosa -, tendrá más tarde la tarea de transmitir lo vivido. 
Después de esta Transfiguración tendrán que callarse hasta el momento, en que toda la obra terrenal de Jesús estará terminada y queda revelado finalmente el carácter de Su Mesianidad.
Un motivo para meditar recibieron los tres en la palabra acerca de la resurrección de Jesús. El problema está en que antes tendría que morir – un pensamiento que todavía no logran comprender.

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