Reflexiones del Dr. P. Manfred Wilhelm

Mis amigos: ¿Quién no ha cometido alguna vez un error – o varios, incluso algo más grave? La gran mayoría de nosotros, al menos interiormente, lamenta esas equivocaciones. Sólo los soberbios, los prepotentes no quieren aceptar nada. Semejante presunción de infalibilidad no es otra cosa que soberbia, basada en una tremenda ignorancia.
Hagamos aquí caso omiso de esos incorregibles patanes. Ahora, entre los que realmente se arrepienten de lo que hicieron mal, ocurre algo notable: Muchas veces se arrepiente uno de haber hablado, pero casi nunca de haber callado. En esos casos tiene razón el filósofo alemán Ludwig Marcuse (1894-1971) cuando dice: “El arrepentimiento es la comprensión que llega demasiado tarde.” Es así, porque el daño hecho por haber hablado demasiado, difícilmente se puede reparar.
El arrepentimiento supone alguna grandeza de espíritu, porque supone la aceptación del error, de achicarse conscientemente al reconocer el error. Por eso dice un Proverbio chino: “El arrepentimiento es la primavera de las virtudes.” La confesión del error, además, es el primer paso después del arrepentimiento. El místico alemán Johannes Tauler (1300-1361) incluso sostiene, que “un verdadero arrepentimiento es una segunda inocencia”. Eso va acorde con nuestra enseñanza cristiana, que el arrepentimiento y la confesión del error en el Sacramento te devuelve esa inocencia primaria. Incluso el gran novelista español Miguel de Cervantes (1547-1616) aclara, que el arrepentimiento es “la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma”. – Y ahora imagínate lo que decía Mahoma (+632) respecto al arrepentimiento: “El que se arrepiente es como el que no ha pecado.” De modo que el arrepentimiento, la aceptación del error y el propósito de enmienda – todo eso es para hacerte completamente nuevo.
Ahora, el verdadero arrepentimiento no termina con el reconocimiento del error, ni tampoco con la confesión. Si sientes en el alma haber fallado, que sepas entonces, que el remordimiento es el dolor del pecado. El sacerdote jesuita de la India Anthony de Mello (1931-1987) te agrega lo que todavía falta: “Arrepentirse es cambiar de mente, es ver la realidad de un modo radicalmente distinto.” Ese cambio de mente debe desembocar indefectiblemente en un cambio de actitud – y eso se tiene que ver en la práctica.
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y analiza lo que podría significar para ti esa frase de Joseph Sanial-Dubay, un escritor francés del siglo XIX: “No basta con arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer.”
Y a vos, ¿qué te parece?

Comentario exegético 26. Domingo Ordinario [A] (28.09.14)Evangelio Mt 21, 28 – 32
En vez de una sola parábola de los viñadores, como la tiene San Marcos, San Mateo trae tres, y las tres son parábolas de juicio, porque juzgan duramente a los guías de los judíos. Habrá sido ésta la razón por la composición de las tres parábolas.
La pregunta al comienzo: “¿Qué les parece esto?”, eso es algo característico de Mateo y sirve de paso como nexo en el pasaje anterior. El pensamiento de fondo es: No es importante el decir “sí”, sino lo importante es cumplir con lo prometido. A través del cumplimiento se arregla también la negación al comienzo del primer hijo.
Como los enemigos de Jesús aceptan esto en su respuesta, se condenan automáticamente a sí mismos. Jesús sólo necesita indicarles las consecuencias.
Los publicanos y las prostitutas, conocidos por su profesión abominable y su conducta pública, que a través de ella ponen al comienzo su “no” a Dios, lo mismo les llevan la punta a los judíos en el camino hacia el Reino del Padre, aunque ellos están muy convencidos de su supuesta piedad.
La razón para esta situación, aparentemente paradójica, significa: que los impíos se aseguran la salvación, mientras los supuestamente justos quedan excluidos, porque los primeros están más antes dispuestos, además capaces de seguir al llamado de Jesús, para cambiar su vida y convertirse. Los fariseos, por el contrario, creyéndose muy justos, se encuentran apartados precisamente por eso.
La cuestión, si por esta palabra de Jesús los fariseos estarán definitivamente excluidos al final del Reino de Dios o no, eso quedará claramente definido, porque algunos de ellos no cumplen la voluntad de Dios.
La parábola no tiene la intención de hacer cambiarles a los fariseos su conducta, sino ya es un veredicto definitivo. No se cuestiona, de que a cualquier persona queda abierto el camino hacia la salvación, si va por el mismo camino de los pecadores, en el sentido de cambiar la conducta y cumplir la voluntad de Dios. Aquí sólo se dice, que ellos se encuentran en el camino equivocado.
También Juan el Bautista predica el camino de la justicia al señalar una conducta de acuerdo a la Voluntad de Dios. Los Fariseos, en contraposición a los Publicanos, no habían aceptado su predicación.

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