Reflexiones del P. Dr. Manfred Milhelm

Mis amigos:
“La Comisión Permanente del Congreso aprobó un pedido de informe al Poder Ejecutivo para que el Presidente provea la nómina completa de los asesores ‘ad honorem’, que están actualmente en el Gobierno.” – Así nos relatan los Diarios.
Para entendernos bien: La expresión “ad honorem” es una locución tomada del latín, que se usa para caracterizar cualquier actividad que se lleva a cabo, pero sin percibir ninguna retribución económica. – Te viene en seguida la pregunta: ¿Acaso hay tantas personas en nuestro país, es decir: en nuestras instituciones públicas, que trabajan día y noche sin percibir retribución alguna o sueldo? Por lo visto, por aquí se entiende todo al revés: esas personas no trabajan nada, pero perciben incluso sueldos “astronómicos”.
Es evidente que existen personas, que se presentan en Instituciones del Estado como Asesores del Mandatario; y parece que no son pocos, pero nadie tiene certeza de la veracidad del asunto, porque todo se “cocina” en forma clandestina. Tampoco se sabe quién está autorizado de dar informaciones en nombre del Presidente. ¡Mejor que todo eso quede en la nebulosa!
Ciertamente el Presidente tiene derecho a tener asesores, pero se debe saber quiénes son y cuáles son sus funciones; además con qué autorización ejercen tal o cual función. Surgieron las dudas de que unas cuantas personas “ad honorem” incluso tienen vinculación o no con las empresas privadas del Presidente…
Cuando éramos chicos, trataban de inculcarnos lemas como: “Jamás sacrifiques el honor por alcanzar honores, porque esos se van como el humo en el viento.” ¿Será que todo era cosa del pasado, y que ahora hay otros parámetros para alcanzar verdaderos honores?
Permítame transmitirte algunos pensamientos de gente famosa respecto al “honor”: Schopenhauer (1788-1860), el filósofo alemán, decía: “El honor es la conciencia hacia afuera, y la conciencia es el honor interior.” – Ptolomeo I (367-283 a.C.), Rey de Macedonia: “Hazaña más honrosa es enriquecer a otros que hacerse rico uno mismo.” – Cicerón (106-43 a.C.) el filósofo y político romano, sostuvo: “Nada puede ser honorable donde falte la justicia.” – Parece que se está olvidando, que no es la riqueza, sino una conducta honorable la que hace grandes a las personas.
Y aquellos, que tanto quieren invocar al patriotismo, que poco se vislumbra en la vida pública, les aconsejo meditar las palabras de un insigne patriota nuestro, Mons. Sinforiano Bogarín (1863-1948), arzobispo de Asunción: “Busquemos, pues, el engrandecimiento de nuestra Nación; ese engrandecimiento que se basa en la honestidad y la laboriosidad de los individuos, en la solidez y la dignidad de las familias, en la rectitud de los jueces, en la honorabilidad de los comerciantes, en la sabiduría de los maestros, en el fraternal amor de todos los paraguayos que trabajan con la mira puesta únicamente en el progreso incesante de la Patria amada.”
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y no te olvides: “El honor es como la juventud: una vez perdido, no se recupera.” (César Cantù (1804-1894), historiador y escritor italiano)
P. Manfredo

Comentario exegético. 7. Domingo Ordinario [A] (27.02.11). Evangelio Mt 5, 38 – 48

En esa antítesis Jesús quita la vigencia de aquel mandamiento del AT, porque rechaza el principio de la revancha, cuando se reclamó como castigo la aplicación y el sufrimiento del mismo mal que el malhechor había infligido. En realidad se trata de un principio que se encuentra en muchos pueblos del antiguo Oriente, también entre griegos, romanos y egipcios.
El nuevo orden que Jesús proclama, se aclara mediante varios ejemplos de la vida práctica: Atacado por un malhechor, no habría que contraatacar dando un golpe en su cara – todo lo contrario: que ofrezcas la otra mejilla para recibir tal vez otro golpe. – Al otro, que te quita la ropa, habrías que dejarle también algo más, aquí el manto.
Así también debes tener en mente llevar una carga un trecho mayor al que te obliga a llevársela, tal vez el doble. – Y al mendigo no habrías que negar una ayuda, y si lo haces, que no exijas intereses.
En otras palabras: debes resistir a lo malo, aquí explicado en cuatro niveles – de lo más pesado a lo menos fuerte: violencia, proceso jurídico, obligación, un simple pedido. Eso último ya no es una injusticia propiamente dicho, tal vez es simplemente una molestia.
Esas antítesis fueron más atacadas por exageradas y aparentemente fuera del sentido común, porque – según ellos – atentan contra el orden jurídico. Pero Jesús desea poner en contra su antítesis: el Mandamiento del Amor. Eso revela una postura del alma, que supera aquella, que sólo se basa en un derecho humanístico.
En el AT se tiene el odio como permitido de acuerdo al caso, aunque también se aboga por el esfuerzo de superarlo. Jesús pone el amor no solamente contra el odio como tal, sino también hacia la persona del enemigo. Con eso señala prácticamente el límite del amor.
La oración por los enemigos significa la forma más elevada y la prueba más auténtica del amor. Con eso se anula completamente un sentimiento en contra del enemigo. Es prácticamente la condición para ser considerados “hijos de Dios”.
El amor al prójimo, como Jesús lo entiende, es algo extraordinario, no algo meramente humano. Y como ese amor tiene su fundamento en la relación con Dios, por eso es – según su esencia – también divino.

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