Reflexiones del Dr. P.Manfred Wilhelm

Mis amigos: Mensajeros – son mayormente personas, pero a veces también animales, como las palomas-mensajeras –, que han sido importantes en toda la historia.
En primer lugar tienen la tarea de entregar mensajes, mayormente de relevancia. Por el otro lado está el tema de cómo realizar el trabajo, porque está la cuestión de la rapidez, muchas veces por la urgencia, pero también está lo de la seguridad, especialmente en nuestros tiempos de mucha tecnología y posibilidades de espiar todo.
Lógicamente existen mensajes de contenido delicado – no para todo el público, porque muchos, lastimosamente, no tienen delicadeza ni sn respetuosos, y con la publicación de cualquier cosa se puede causar daños irreversibles; más todavía si esos mensajes no se atienen a la verdad.
Pero están también los mensajes no reservados, sino aquellos para informar al mundo entero; por ejemplo los mensajes acerca de la responsabilidad, tanto personal como social. Estamos lamentándonos mucho ahora por el tema del narcotráfico. Con pena nos informan, que unos cuantos Legisladores y personas con representatividad nacional estén involucrados en eso. Al menos el mensaje evangélico es: que no debes lucrar a costilla del pueblo, haciendo daños a muchos y ganar así, sin mostrar la más mínima vergüenza, más de lo que – al menos a mi criterio – deberían ganar, tomando en cuenta el sueldo del pueblo en general.

En tiempos del Adviento nuestra iglesia cristiana nos advierte y nos pide ser mensajeros del bien, mensajeros del Mensaje de Dios, que es un mensaje de amor y del perdón. Es la mejor forma de preparar el camino del Señor, que vendrá irreversiblemente – quiérase o no.
Las formas de transmitir los mensajes pueden ser muy distintas, y no me refiero sólo a la técnica. Raimundo Lulio dice en sus “Proverbios”: “Las palabras humildes son mensajeras de la paz; las orgullosas, de la guerra.” Por algo nuestro Papa Francisco “cae tan bien”, incluso a no-cristianos.
Y hablando de los “Ministros de la Iglesia”, el Papa Benedicto XVI enseñaba: “El sacerdote no es el administrador de una asociación, que intenta mantenerla e incrementar el número de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que así crezca la comunión entre ellos.” – También los artistas transmiten sus mensajes especiales. Por eso dijo el escultor paraguayo Hermann Guggiari Brun (1924-2012): “El artista interpreta el mensaje de Dios, es como un mensajero de Dios.”
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y considera la frase de Anthony de Mello (1931-1987), sacerdote jesuita de la India, la que ciertamente tiene que ver algo contigo: “El apóstol no es simplemente un hombre con un mensaje que transmitir. El apóstol es su mensaje.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
Comentario exegético 2. Domingo de Adviento [B] (7.12.14) Evangelio Mc 1, 1 – 8
El comienzo de este Evangelio marca prácticamente el título del libro, cosa que no tenían los Evangelios al comienzo, sino recién cuando se los recopilaba como “Canon”.
La posición significativa del Bautista se expresa mediante la cita del AT, donde se lo denomina como el “Preparador del camino del Señor”, y Jesús lo acredita también como tal (Mt 11, 7-15 y Lc 7, 24 – 28). Es eso lo que Marcos quiere significar.
A él no le interesa presentar explícitamente a Juan, sino quiere remarcar la manera cómo éste actúa y la gran impresión que causa en la gente; además indica la próxima aparición del Mesías. Este es el punto central de su predicación. Los Rabinos suponían que Elías era el Precursor del Mesías (Mal 3,1); así también lo entiende Marcos: el Bautista debería ser Elías que ha vuelto.
La preparación del camino consiste en la eliminación del estado pecaminoso del pueblo. Con eso está circunscrita su tarea en la Historia de la Salvación. Ahora sigue la descripción de sus actividades y los efectos. En realidad es Dios mismo que prepara al pueblo para la venida del Mesías, y eso mediante el Bautista.
Marcos escribe sobre todo lo que se refiere al cumplimiento de las Profecías. Comienza con que Juan el Bautista predicaba en el desierto, es decir: en la parte inferior del valle del río Jordán, que no estaba habitada. – Proclama el Bautismo de Penitencia para conseguir el perdón de los pecados. Al hacer esto, se considera Mensajero de Dios, es decir: como aquel que anuncia Su Voluntad. Es eso lo que le da la legitimación de sus palabras y subraya la importancia de ellas.
Pide para que todos reciban el Bautismo, que debería ser un acto de penitencia, es decir: de cambio de toda la manera de pensar y de actuar, ahora más enfocada hacia Dios. Mediante eso se puede lograr el perdón de los pecados. Es un pedido, que ya hicieron los Profetas del AT, dirigido a todo el pueblo. La razón de la conversión es la cercanía del Juicio Mesiánico. El Mesías, al venir, debería encontrar a un pueblo limpiado y santificado. Con eso el Bautista se pone en contra de aquella expectativa del Mesías y su Reino, así como lo creía el pueblo.
La enorme impresión de su personalidad en el pueblo y su áspera severidad les hace recordar a Elías. También el contenido de su predicación es otra razón de la gran afluencia del pueblo. Que ahora todo el pueblo aquí señalado se haya dejado bautizar, menos los Fariseos y Saduceos, eso no hace falta tomarlo al pie de la letra.
La razón del por qué Juan no actuaba en la Sinagoga como Jesús sino en el desierto, es tal vez por la circunstancia, que el recuerdo del tiempo del Pueblo Elegido durante sus caminatas por el desierto era considerado un tiempo especial de gracia. Quizás por eso creyeron los judíos, que el comienzo de la nueva era podría también iniciarse allá.
Juan no necesitaba ir junto a la gente – ellos llegaron a él. Su forma de actuar y de vivir va de acuerdo con la seriedad del tema de su predicación. Su vestido, hecho de pelo de camello, significa la renuncia a toda comodidad; y el cinto de cuero lo asemeja a Elías, cuya vuelta como Precursor del Mesías estaba esperando. Juan mismo negaba ser tal figura como Precursor. – Su comida de langostas y miel silvestre son sólo ejemplos de que él no era dependiente de nada y de nadie. Además, la estadía en el desierto significaba el completo apartarse de toda actividad e intereses mundanos; además su distancia de la piedad diaria de los judíos.
Juan no lo nombra expresamente a Jesús, a quien no lo conoce así como Mesías. Habla en forma general de Aquel que vendrá, el muy Poderoso, en cuya presencia ni siquiera se considera digno de realizar los servicios más humildes. Con eso refuta también cualquier interpretación de que él mismo podría ser el Mesías. El sólo se considera el Enviado del Mesías. Es por eso que también su bautismo es diferente del bautismo del Mesías que vendrá. El bautismo de Juan tiene como objetivo: limpiar al hombre mediante su conversión y preparar así a los penitentes para la Venida del Mesías.
El Mesías con su Bautismo, al cumplir la profecía del Profeta Joel (3, 1), transmite, sin embargo, el Espíritu y con El vida nueva.

 

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