Reflexiones dominicales del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: Los Medios se hicieron eco de la voz de los obispos: “Los obispos calificaron de gravísima la situación de corrupción actual en el país.” 
La referencia es específicamente a los robos y corrupción detectados en niveles muy altos del Gobierno, en clara alusión al negociado de combustible de un grupo de la Policía Nacional. Además están los escándalos en el propio ente de la Contraloría, los que deberían velar sobre la corrupción. Detectaron pagos irregulares de horas extras por montos exorbitantes a una Secretaria. Aparte de todo eso se critica la contratación como auditores de compañeros de fútbol del titular de la entidad. Y ¿por qué tanto silencio cómplice, hasta en el caso de la monumental corrupción en la FIFA, que es tema de la prensa mundial, porque medio mundo aparece salpicado.
Una vez más se refirieron al narcotráfico y al descubrimiento de grandes cantidades de drogas que se estaban llevando a los sitios de comercialización. – En resumen: La corrupción últimamente aparece como los hongos después de una lluvia en casi todas las Instituciones del país. Parece que importa poco, que la droga afecta directamente el futuro de los jóvenes, incluso a los adultos, pues sólo sirven para corromper a los que la consumen.

También piden los obispos, que es necesario que desaparezcan el orgullo, la prepotencia y la soberbia en la sociedad. Especialmente los líderes deben servir a la comunidad y no servirse de ella. 
Otro tema de referencia es la escalada de violencia, de asesinatos, que van aumentando en los últimos tiempos. Está el tema del  aborto, que para la iglesia es un homicidio alevoso, porque significa matar a un niño indefenso en el seno de la propia madre, no importa si ella tiene 10 años ó 50. – Reclaman los obispos: ¿Dónde están los referentes de la intelectualidad en nuestro país? ¿Dónde se puede encontrar referencias de gestiones éticas, morales, dignas, tanto en la función pública como en la privada?
Surge la pregunta: ¿Es éste el país que queremos para nuestras familias, para nuestros hijos? Enrique Santos Discépolo (1901-1951), compositor argentino, decía: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor.” Pero, los que corrompen la mente del público son tan malvados como los que roban la bolsa de público.
No hay que olvidar nunca, que la buena educación es la única manera de combatir la corrupción; y la buena educación comienza en la familia, donde los mismos padres no deben ser corruptos. Lastimosamente muchos no tienen papá. Pero una sociedad sin padre es una sociedad de frustrados. Y de ella salen fácilmente la agresividad y todo tipo de corrupción. No olvides: Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.
Que tengas un FELIZ DOMINGO, y medita la frase que pronunció el Papa Francisco (*1936): “La justicia es el orgullo de una nación, la corrupción e injusticia son su vergüenza.”
Y a vos ¿qué te parece? 

 Comentario exegético 14. Domingo Ordinario [B] (05.07.15) Evangelio Mc 6, 1- 6a
Aunque Jesús nació en Belén, de todos modos Nazareth podría llamarse “su ciudad”, porque es donde creció. No vuelve solito hacia allá en esa circunstancia, tampoco llega como un desconocido. El acompañamiento por sus Discípulos hace patente, que es un “Maestro”. No viene esta vez para visitar a sus familiares, sino para ofrecer la Buena Nueva a sus paisanos. Para el efecto aprovecha la próxima celebración del sábado y predica en la Sinagoga.
Su presentación evoca admiración, pero también rechazo hostil entre la multitud de los presentes de esta pequeña ciudad, sobre todo entre los que lo conocen bien, aunque entretanto ya ha llegado a ser famoso. Admiran su superioridad y la sabiduría que se evidencia en sus palabras. Nadie se imagina de dónde la consiguió, porque – y eso saben todos – Jesús era carpintero, pero nunca discípulo de algún gran Maestro de la Ley. Además, la gente queda asombrada por los hechos milagrosos que ha realizado en la ciudad de Cafarnaún, a sólo 39 kilómetros de distancia, así también por los otros realizados en diferentes lugares, que siguen siendo centro de comentarios en todas partes. 
Como contradicción a todo eso se sabe de la procedencia “baja” y simple del anterior artesano, cuyos parientes son conocidos como gente sencilla y – al menos algunas prima hermanas – viven todavía allá. El hecho de que ahora se menciona solamente a la madre de Jesús y ya no a su padre José, esto se quiere explicar con que José posiblemente ya había fallecido.
Los parientes cercanos tampoco creyeron al principio en Jesús. El conocimiento de su persona, de su procedencia sencilla y de sus parientes – nada supera aquí los términos medios – todo eso significa un impedimento insuperable respecto a la fe en una misión tan elevada y en una dignidad adecuada como consecuencia. Además, según el relato puntual de San Lucas, está el escándalo respecto al contenido de su predicación.
Jesús contesta a la crítica negativa con un dicho, según el cual el rechazo de un profeta sería normal entre la propia gente. Con esto quiere significar, que El no constituye ninguna excepción en cuanto al rechazo. Pero esta objeción de sus paisanos es la razón, por qué Jesús no puede realizar ningún milagro ente ellos. Que excepcionalmente, a pesar de todo, sana a unos enfermos mediante la imposición de sus manos, eso muestra, que no le falla el poder de realizar milagros, sino que por la incredulidad de los Nazarenos Jesús se ve en la situación de inconveniencia para hacer más milagros. Es la falta de fe de ellos que se lo impide, porque la fe es siempre una condición para eso.
La finalidad de los milagros, condicionados por la firme expresión de fe, es encaminar la Misión Divina entre la gente como tarea de su vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *