Reflexiones en Frontera, jesuita Guillermo Ortiz

Jesús fue al desierto a rezar
Es el tiempo para acompañar a Jesús en su cuaresma; en sus cuarenta días de desierto, como refiere el Evangelio. En la profundidad del desierto Jesús es probado, tentado, en su condición de Hijo de Dios. Pero vence el mal y al maligno.
Como lo hace con cada ser humano, el “Tentador” pretende apartar a Jesús de su misión y vocación esencial con engaños, ilusiones, razones falsas y aparentes. Si lo lograba sometía a la humanidad entera, porque Jesús es el liberador que nos desata de las redes y cadenas del mal; nos cura de la infección del mal y nos llena de su vida plena.
La cuaresma de Jesús en el desierto es un tiempo intenso de lucha espiritual. El signo y consecuencia de su victoria es la alegría, el gozo, la paz con la que el Espíritu lo colma en el bautismo en el Jordán. Acompañamos a Jesús con oración, ayuno y limosna. La oración es nuestro desierto.
Contemplando a Jesús que lucha y vence aprendemos a luchar y vencer el mal con su espíritu de escucha y compromiso con la palabra de Dios. Jesús para vencer hecha mano de la Palabra de Dios.
Podemos pedir esta gracia de Dios, acompañar a Jesús, para salir del egoísmo mezquino, dañino, para ir al hermano colmado del Espíritu de vida en el amor, como Jesús mismo hace. Sí Jesús, ruego la gracia de acompañarte en el desierto.
Fuente: Radio Vaticano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *