Reflexiones dominicales del P. Dr. Manfred Wilhelm

Amigos:  En épocas de elecciones todo el mundo habla de un gobierno mejor. Antes se hablaba más del reino. Observamos, que cada vez los candidatos prometen mucho, y al final resulta casi siempre, que la mayoría de las promesas queda en agua de borraja. Y lo que es peor: tanta gente ciega – ciega por fanatismos y ciega por ignorancia – sigue votando a los que no han cumplido. Debe ser cierta la frase que pronunciaba el filósofo y escritor francés Voltaire (1694-1778): “Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo.”
Nuestro Señor desea que tú y yo ayudemos a construir otra clase de gobierno o de reino: el Reino de Dios. San  Bernardo (1090-1153) decía: “Aquel que cree en el Reino de Dios tiene que ponerse inquieto.“ Pero parece que muy pocos andan inquietos, a no ser aquellos que temen perder su zoquete.
Decía el  jurista inglés John Selden (1584-1654): “Los más efectivos en gobernar son los que menos ruido hacen.” Y podrías agregar: … ¡pero los que más trabajan con seriedad! Gobernar no es solamente administrar; también es infundir fe y confianza, y eso no se gana con sobornos y despilfarros, sino con actuaciones que evidencian buena educación, moralidad y – por qué no decirlo – respeto a Dios y a Sus Mandatos.
El sacerdote jesuita de la India Anthony de Mello (1931-1987) sostenía, que “encontrar el Reino de Dios es lo más fácil del mundo, pero también lo más difícil. Es fácil porque el Reino está a tu alrededor y aun dentro mismo de ti”. Pero en este Reino de Dios hay parámetros distintos que en nuestros gobiernos. Según el mismo sacerdote “en el Reino, el primero será el último, porque el que tenga un destino mayor será más responsable. Por tanto servirá a los demás. La grandeza está en servir a los demás.” – Dice: servir a los demás, y no: servirse de los demás! Con razón proclamaba ya San Agustín (354-430) en su época: “Cuando se suprime la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?” Parece que miraba con “binóculos” hacia nuestros tiempos.

Y los que tanto buscan sobre todo el dinero a costilla del pueblo, les convendría meditar lo que decía la Madre Teresa de Calcuta (1910-1997): “Permita que insistamos más y más en la formación de fondo de amor, de bondad, de comprensión, de paz. El dinero vendrá, si buscamos primero el Reino de Dios. El resto se nos dará.”
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y considera lo que decía el filósofo y matemático de la antigua Grecia Tales de Mileto (624-548 a.C.): “Nunca gobernarás bien a los demás si no empiezas por gobernarte bien a ti mismo.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
 Comentario exegético Solemnidad de Cristo Rey [B] (22.11.15). Evangelio Jn  18, 33b-37
La pregunta que Pilato dirige a Jesús: a ver si El es el Rey de los Judíos, supone que los judíos protestaron y lo acusaron, que trata de conseguir un reinado sobre ellos. “Rey de los Judíos” expresa el aspecto político en contraposición a “Rey de Israel”, que es de naturaleza religiosa y mesiánica. El funcionario romano, por supuesto, conoce solamente el aspecto político, pero los judíos trataron con esa formulación política engañar y convencer a Pilato en su propio sentido.
A continuación se desarrolla un diálogo entre Juez y Acusado, en el cual este último explica la característica de Su Reinado. Con énfasis Jesús le específica a Pilato, que Su Reinado no es de naturaleza política; entonces no es de este mundo. 
Pero primero Jesús le interroga a él, si su pregunta se basa sobre el conocimiento de las actuaciones de El en público, o porque los judíos lo habían acusado, que pretenda ser su rey. Pilato admite, que como no-judío no comparte las ideas judías, y que de por sí no tendría razones para tomar medidas; más bien es el pueblo judío que, a través de sus superiores, lo han puesto frente a su juzgado.
Ahora Pilato ya no repite su primera pregunta, si Jesús es Rey, sino quiere saber con realismo, en qué consistía esta su actuación que, por lo visto, fue juzgada como peligrosa políticamente.
Jesús le contesta esta primera pregunta acerca de sí mismo como Rey: Posee en realidad un Reinado, pero no es de este mundo, no es de aquí, es decir: no es de una naturaleza terrenal. Existe, sin embargo, en este mundo, pero no le pertenece en cuanto a su esencia, así como El mismo y todos los suyos no pertenecen esencialmente a este mundo. Si no fuera así, los súbditos que tiene pelearían por El, para evitar que fuera entregado a manos de enemigos. De modo que: Jesús no niega poseer un Reinado con incidencia en este mundo y ahora. Con eso admite y reivindica Su Reinado y aclara que es verdaderamente un Rey.
Pilato lo entiende, aunque no puede comprender esta forma especial del reinado. Por lo tanto le formula la pregunta: “Entonces ¿eres en realidad un Rey?”, lo cual Jesús admite, pero aprovecha la pregunta para explicarle en forma positiva la característica de su Reinado. Él es un verdadero Rey, pero su procedencia no es de este mundo como la de otros potentados.
Como Rey verdadero reivindica el derecho sobre su Reinado, pero en el sentido de que aboga por la verdad y dice dar testimonio por ella; es decir: como Enviado por Dios testimonia la Verdad Divina, la Revelación Divina, la que exige tomar posición a favor o en contra. 
Todos los que son de la Verdad, escuchan Su Voz y reconocen su Mensaje como Enviado de Dios. En este sentido actúan entonces los miembros de Su Reino. 
La tarea de Jesús es: el anuncio del Reino de Dios, que en Su actuación comienza ya en el presente. Y lo hace dando testimonio por la verdad de Dios, y así va a llevar las cosas de Dios hacia la victoria.

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