Reflexiones dominicales del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: En épocas de la luz eléctrica, que ahora tienes en todas partes y puedes encenderla con apretar un botón, sólo los de más edad recuerdan todavía los líos de antes para encender las lámparas de aceite. Pero lo que todos hemos experimentado es la oscuridad, cuando de repente ocurre un apagón. Más de uno se ha tropezado con un poste o una pared al no poder ver lo que estaba por delante. Y al aparecer de la luz, parece que el mundo cambia por completo, porque todo es claro y se ve bien el camino. No faltaban, sin embargo, las personas que decían: “La gran equivocación del hombre fue la de inventar la luz eléctrica para seguir trabajando de noche.”
Hemos hablado de la luz eléctrica, pero existen otras formas de luz. La Madre Teresa (1910-1997) decía: “Las palabras que no dan la luz de Cristo, agrandan la oscuridad.” Cuando hoy día se habla tanto de los asaltos, de los robos, de la drogadicción, de las matanzas – en eso hay más que oscuridad por falta de respeto y por causar tanto sufrimiento. Por eso: ojos malos y conciencia mala no aguantan la luz.
Es tiempo que comprendamos, que sin Cristo hay mucha oscuridad con todas las consecuencias de poder golpearse, en vez de tener la luz del amor y con eso de la felicidad. San Cipriano de Cartago (200-258) decía hace tanto tiempo: “Para los hijos de la luz es de día, aún en la noche oscura.” Es así, porque con Cristo y con la luz de lo que El nos trae y enseña, siempre encontrarás el camino correcto que te lleva a ser feliz.
¿Acaso no te parece, que una persona agradable, con la sonrisa en los labios, es mucho más agradable que aquella, que sólo te mira de reojo a ver cómo pueda sacar ventaja de ti? Es que la sonrisa también es una luz, la que aparece en la ventana de tu cara e indica, que el corazón está en casa. Y donde hay un verdadero corazón y procura el bien, cualquiera va a sentirse feliz.

Tal vez dirás, que hay demasiada maldad en nuestro mundo, y posiblemente una buena porción también en ti. A eso te contesta aquel Refrán chino que dice: “Mejor es encender la luz más pequeña, que lamentarse sobre la oscuridad.” Con otras palabras: Comienza a encender tú esa pequeña luz de la comprensión, de tu amabilidad, de tu sonrisa, de tu preocupación por otros, y más que seguro que todo ese mundo alrededor tuyo se va a iluminar, y otros comenzarán igualmente a encender su propia luz, que trae felicidad a toda la sociedad.
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita lo que decía Carlos Torres Pastorino (1910-1980), un Profesor de psicología  brasileño: “Quien enciende la luz, es el primero en iluminarse.”
Y a vos, ¿qué te parece?
 
Comentario exegético 4. Domingo de Cuaresma [B] (15.03.15) Evangelio Jn 3, 14-21
 La Elevación del Hijo del Hombre es la condición para conseguir la vida eterna por los hombres que le tienen fe. – Juan usa la palabra “elevación” en dos sentidos: En primer término significa la elevación de Jesús: el estar a la derecha del Padre, como lo mencionan He 2,33; y 5,31.
Pero aquí el Evangelista entiende Su elevación comparable con la serpiente de hierro, que Moisés elevó en el desierto, y cada uno, que fue mordido por una serpiente y elevó su mirada con confianza hacia aquella, se sanó al instante. Así también la mirada creyente hacia la Cruz nos traerá la salvación. La Elevación de Jesús al cielo, sin embargo, pasa por la elevación en la cruz.
El Envío del Hijo Unico por parte de Dios, es una acción de amor hacia el mundo, porque revela con ella, que ama a los hombres y no quiere su perdición. En la fe hacia el Hijo cada hombre recibe la posibilidad de asegurarse la vida eterna. Hablando de la entrega de su Hijo, se recuerda aquí su inmolación mediante la muerte de cruz. También se desea hacer hincapié en la entrega de Isaac para el sacrificio.
En el Envio del Hijo, que comprende su llegada al mundo y su elevación en la cruz, se realiza el juicio sobre el mundo. Este juicio no es un acontecimiento en un futuro lejano, sino se realiza ya en el presente. El objetivo del Envío del Hijo de Dios, la mayor acción de amor por parte de Dios, no significa el juicio, sino significa la salvación del mundo. Es la fe en el Hijo de Dios que prodiga la salvación, pero la falta de fe y la negación de ella excluye de la salvación. La separación se realiza entonces mediante la fe personal, porque aquel que no tiene fe, se cierra al Amor de Dios, que se revela en el envío del Hijo, y por lo tanto este hombre permanece en la muerte. Una sentencia judicial entonces ni hace falta.
En el Hijo Unigénito de Dios ha llegado la luz a este mundo, pero los hombres se han cerrado en su gran masa a esta luz, es decir: le han negado la recepción y han preferido quedarse en la oscuridad, es decir: en su muerte.
La razón para esta actitud de rechazo está en sus obras malas, lo cual se aclara seguidamente. Los hombres, que hacen el mal, odian la luz, para que estas obras malas no sean descubiertas en su carácter verdadero.
Diferente es con aquellos, que actúan según la verdad, es decir: actúan correctamente. No necesitan temer la luz, porque sus obras están hechas en comunidad con Dios y se revelan así como tales.
Entonces, la llegada de la luz, es decir: la llegada de Cristo mismo, significa que cada ser humano debe decidirse a favor o en contra de El; y así se pone de manifiesto, si alguien quiere quedarse en la oscuridad o no.
El ser humano no es ni bueno ni malo por naturaleza; encierra en sí ambas posibilidades. Si se decide por la fe para el Hijo de Dios, entonces da a su vida un comienzo nuevo. Pero si se decide en contra, entonces quedará en el pecado, en la oscuridad, y al final en la muerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *