Reflexiones del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: Todo el mundo padece de algún mal, de alguna molestia, tal vez de una enfermedad. Evidentemente, con el avance de la edad suelen aumentar las molestias y necesitamos cada vez más espacio para los remedios. El político estadounidense Benjamín Franklin (1706-1790) decía con humor: “El cielo cura y el médico cobra los honorarios.” Y un Proverbio polaco, con cierto cinismo, dice: “Al pobre lo cura el trabajo, al rico el doctor.” – Por lo visto, habla de experiencias penosas.
Igualmente es cierto que buena parte y una muy importante de la curación consiste en el querer ser curado. Aquel que ha perdido la fuerza de ánimo, fácilmente ya ha perdido la batalla por recuperarse. No pocos – incluso personas ricas, que podrían permitirse costosas atenciones médicas, recurren a supuestos “doctores naturalistas”. No pongo en dudas, que existen personas con amplios conocimientos de medicinas naturales, de las cuales incluso se fabrican medicinas con grandes etiquetas de fábrica. Pero están también los que hacen cualquier “maniobra”, practicando ritos “oscuros”, que más te sugestionan algo que te curan de verdad.

El querer curarse incluye también el saber adónde te vas. Aparte de ir a un buen médico y usar medicamentos experimentados, sería bueno recordarte, cuántas veces nuestro Señor devolvió la salud a los que lo suplicaban – con fe y confianza, incluso que en varios casos devolvió la vida a un muerto. ¿Acaso hay mejor doctor que Jesús?
Cuando el sacerdote impone las manos al enfermo – y lo hace en nombre de Jesús que lo consagró -, entonces transmite el poder del mismo Jesús al enfermo, para que pueda lograr lo que a EL le parece oportuno, y no lo que charlatanes quieran “vender” como resultado de su propia capacidad.
Al pedir sanación pensamos sobre todo en enfermedades físicas. Pero están también los males de la sociedad, que en gran parte tienen su raíz en el egoísmo y en la falta de respeto. Dice la Madre Teresa (1910-1997): “No se puede desterrar la oscuridad con la oscuridad; sólo con la luz. No se puede curar el odio con el odio; sólo con amor.” – Es precisamente eso lo que enseña nuestro Señor. El odio sólo se cura con el…amor. Esta es la ley antigua y la eterna. Tal vez Cristo quiera que tengamos nuestros defectos durante toda la vida, para que su poder resplandezca en medio de nuestra debilidad.
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita esa frase del sacerdote jesuita de la India Anthony de Mello (1931-1987): “El amor cura a todos: tanto a quienes lo reciben como a quienes lo dan.”
Y a vos, ¿qué te parece?

Comentario exegético 13. Domingo Ordinario [B] (28.06.15) Evangelio Mc 5, 21 – 43
Con el mismo bote, en que Jesús realizó la travesía por el Lago, cuando pasaron por la gran tormenta, vuelve otra vez a la orilla del oeste del Mar de Galilea. El Evangelista no precisa el lugar exacto del desembarque; podría ser Cafarnaún, lo que insinúa la llegada del Jefe de la Sinagoga.
Apenas Jesús toca tierra, ya se acerca una gran multitud, que – por lo visto – esperaba su llegada. Uno de los habitantes más importantes, el mencionado Jefe de la Sinagoga, que tenía como obligación presidir las celebraciones del sábado, se dirige primero con gran apuro al Señor, creyendo que El es la última esperanza para sanar a su hija moribunda, imponiéndola sus manos.
Al ponerse en camino entre la multitud acontece el episodio con la mujer enferma. Ella estaba siempre levíticamente impura por la pérdida de sangre, y a causa de ello quedaba excluida del contacto con otros. La mujer aprovecha la conglomeración de gente para acercase a Jesús sin llamar la atención. – Los años de padecimiento y la misma edad de la hija de Jairo aquí son casualidad.
El largo tiempo de búsqueda de salud sólo era de provecho para los médicos, a quienes pagó todo lo que poseía, mientras su enfermedad cada vez empeoró más. Jesús constituye su última esperanza para sanarse. Piensa como muchos del pueblo, que sólo el contacto con la vestimenta de Jesús bastaría para lograr la sanación. Su gran confianza no será defraudada. En seguida siente cómo su cuerpo se está recuperando.
Sin embargo, no logra disimular esa sanación. Jesús, mediante su saber sobrehumano, notó la fuerza que salió de El sin haber visto o sentido el contacto de esa mujer. Por eso da la vuelta y la mira. Resulta, que la sanación fue lograda sin una voluntad específica de Dios, sino por la gran confianza de la mujer. Por eso pregunta Jesús: “¿Quién me ha tocado?”
Antes de que ella pudiera responder, intervienen los Discípulos cercanos, porque les parece sin mucho sentido preguntar, quién te ha tocado en medio de tal multitud. Jesús no les hace caso y se dirige a la mujer. De su consternación resulta la aceptación de su supuesta “culpa”, porque tuvo la osadía de meterse entre la gente y de tocarlo, a pesar de su impureza levítica, haciéndolo “impuro” así también a El – según la Ley. Además, consiguió la sanación así mediante “fraude”. Por eso no le queda otra que aceptar la “culpa”.
La contestación de Jesús no contiene ni un poco de reproche. Llamarla “hija” ya demuestra su benevolencia. La fe de ella en el poder de sanación de Jesús es alabada y declarada como causa de la sanación.
Ese episodio en el camino hacia la casa de Jairo significa para éste una tortura por tener que esperar mucho tiempo. Mientras tanto le avisa su gente, que la niña había muerto y que toda ayuda llegaría tarde. Con eso se quiere significar que creían, que Jesús tenía sólo poder sobre enfermos, no así sobre los muertos.
Jesús escucha todo y dice al padre que ahora hay que conservar la fe. El mismo sabe lo que va a hacer. No el mundo entero debe ser testigo del milagro que vendría, ni siquiera todos los Discípulos; sólo tres de ellos lo verán, como también más tarde tres estarían en su Transfiguración, además también en su batalla interior en el Huerto de Getsemaní.
Al llegar a la casa escuchan el llanto y que tocan la flauta – como era costumbre, y eso para acompañar así la muerte de alguien. El entierro debería efectuarse el mismo día. Jesús termina con todo eso diciendo que la niña esté solamente durmiendo. Quiere significar, que el estado de muerte no es algo duradero, sino es como un sueño corto, al que seguirá pronto el despertar. Eso dice sin haber entrado todavía en la casa. – La gente responde con risa y cree que es una ridiculez, porque ellos saben bien, que la niña está muerta. La masa del pueblo judío opone una firme falta de fe a la persona y la actuación de Jesús. Por esa razón tampoco puede ser testigo del milagro.
Como todos los signos milagrosos, también éste ocurre mediante una palabra de poder, no con una oración al Padre celestial para que lo conceda. Acompaña la palabra su gesto de tomarla de la mano. Que se levanta la niña significa no sólo el levantarse de la cama, sino también el salir del estado de muerte. – El efecto del poder de Jesús es, como siempre, inmediato.
El susto de los padres revela también la gran admiración por el poder divino demostrado en su hija. El mandato de callar este acontecimiento, como en otros casos, no tiene éxito. – El pedido de Jesús, de que los padres le den algo de comer a la hija, debe subrayar la realidad de que la niña ha resucitado y que su salud ha sido restablecida por completo.

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