Reflexiones del P. Dr. Manfred Wilhelm

Mis amigos: Para la mayoría de las parejas que no logran tener hijos, esa situación les parece muy penosa, porque está dentro de la naturaleza el querer tener descendencia, de verse reflejado en sus hijos, de transmitir los propios valores a la siguiente generación, sea lo material pero también los valores.
En la antigüedad la esterilidad – se conocía prácticamente sólo la de la mujer – fue más negativa que hoy día. La mujer sin hijos tuvo que aguantar improperios muy directos, aparte de sentir el menosprecio y los desvíos alrededor suya. Por eso la enorme alegría de Santa Isabel por haberse embarazada, y eso a una edad poco propicia para ello.
Hablando de esterilidad – sería demasiado simple refiriéndonos sólo al hecho de no tener hijos. El dramaturgo francés Charles Du Fresny (1648-1724) mencionaba en su época, que “un genio casado es estéril; es preciso elegir entre dejar a la posteridad obras o dejarle hijos”. Para él la esterilidad era simplemente el no producir lo que se podría hacer por el hecho de tener familia, y por eso no tener suficientemente tiempo para su trabajo.
La esterilidad tiene muchas facetas. El escritor indú y Premio Nóbel de Literatura 1913 Rabindranath Tagore (1861-1941) filosofaba diciendo: “Escalé la cima de la fama, y no hallé albergue alguno en su altura estéril.” En otras palabras: la fama que podrías conseguir ahora entre pocas o muchas personas, con el tiempo se esfuma. Basta pensar solamente en los grandes campeones del deporte. Dentro de algunos años muy pocos se acuerdan de ellos.

Algo que tiene que ver con nuestra educación, tantas veces recriminada por la superficialidad que podemos observar, eso manifiesta el P. Jesús Montero Tirado (*1934), jesuita español y bien conocido en el Paraguay cuando dice: “Mientras sigamos estériles en la producción de conocimientos, no saldremos del subdesarrollo.” Al querer ver diariamente nuestros pobres programas de televisión, donde más se presentan semidesnudos en vez de “armados” con conocimientos, cuando todo el día chatean tonterías por celulares, entonces la esterilidad es patente.
Hay algo más: Alguien dijo, que la venganza es estéril. Y el teólogo francés Michel Quoist (1921-1997) asegura: “Sólo aquel es estéril, que vive sin amor.” Aquí sobran las palabras.
Que tengas un FELIZ  DOMINGO, y medita esa frase de Juan Pablo II (1920-2005): “Una fe no encarnada en las obligaciones cotidianas, termina por hacerse abstracta o estéril.” –
Ahora es el momento  que analices, si eres un estéril o una persona fértil, para tu entorno, pero sobre todo para la eternidad.
Y a vos, ¿qué te parece? 
 
Comentario exegético 4. Domingo de Adviento [B] (21.12.14) Evangelio Lc 1, 26 – 38
Al anuncio de la concepción milagrosa del Precursor de Jesús sigue la todavía más grandiosa la del mismo Mesías. En el primer caso está como protagonista el padre Zacarías, en el otro la futura madre María.
En el sexto mes de embarazo de Isabel, el Angel Gabriel tiene de nuevo una misión de alegría para el mundo, precisamente para la ciudad de Nazaret; y explica para los cristianos de origen pagano, que esa ciudad se encuentra en Galilea. Debe ir junto a una joven comprometida. En este caso ya se considera a la pareja como casada, aunque faltó todavía el segundo paso: el de llevar a la comprometida a la casa del novio; es decir: todavía no conviven.
Aunque se menciona sólo de paso que el novio se llama José, pero la indicación, que es de la estirpe de David, es importante. Que también María pertenecía a la descendencia de Davíd, eso no se menciona en los Evangelios.
El significado literal de Maria – Mirjam en hebreo – no está completamente claro. – El saludo del Angel le indica que es especialmente premiada por la Benevolencia de Dios, en el sentido de que es la escogida como Madre del Mesías y del Hijo de Dios.
El saludo del Angel: “el Señor está contigo” no es sólo un deseo, sino es la seguridad que le da en cuanto a una protección divina.
La razón por el susto de María no está tanto en la aparición del ángel, sino en sus palabras. María no comprende el alcance de esa elección. Gabriel se lo explica. Ella está llena de Gracia, porque Dios le ha elegido para algo muy particular, es decir: ser madre del Mesías. Esas palabras del Angel se refieren a varias promesas del AT. – Aquí falta cualquier mención de un padre terrenal.
El nombre del Niño ya está determinado por Dios mismo. Igualmente como en el caso de Juan se subraya la importancia y la grandeza del Niño, pero con Jesús sobrepasa esa grandeza de lejos a aquella de Juan, porque es “Hijo del Altísimo”; con otras palabras: es el Mesías, al cual – según las profecías del AT – “le dará el trono de Su Padre” y el Reinado de su ancestro David, para gobernar sobre la casa de Jacob para siempre.
La respuesta de María corresponde aparentemente a aquella de Zacarías, pero el Angel la proclama “bendita”, porque – a contraste con el incrédulo Zacarías – ella, sí,  cree.
La respuesta del Angel respecto al problema de no convivir todavía con su novio se lo aclara, además: Dios no le pide nada imposible, porque el Espíritu Santo, es decir: la fuerza creadora de Dios, pone en obra el Plan divino. Que el Niño se llamará “Hijo de Dios” tiene su razón precisamente en que la concepción se realiza mediante la actuación del Espíritu Santo.
Igual como Zacarías, ahora María recibe también un signo como comprobación de sus palabras: le comunica el embarazo de su prima Isabel. El milagro hecho en ella no es comparable con aquel de María, sin embargo es un signo de la omnipotencia de Dios, para la cual no hay nada imposible. Esas palabras tienen relación también a la palabra dirigida a Abrahan y a Sara (Gen 18,14).
La respuesta humilde de María expresa su disposición de aceptar en obediencia los designios de Dios. Su fe, en realidad, no necesita del encuentro con Isabel.
Al final menciona el Evangelista, que el Angel deja a María y muestra con eso, que no desea que se entienda todo eso como un mera visión.

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