Se celebra a San Onofre, Ermitaño

Si no lo hubiera encontrado el abad san Panufcio, ya moribundo, y no hubiera escrito su vida es seguro que no conoceríamos a este personaje originalísimo. Es un ermitaño, morador de una cueva del desierto egipcio de la Tebaida.
Allí mismo donde la civilización faraónica había florecido siglos antes, ahora, en las primeras centurias del cristianismo, los monjes pueblan el despoblado y viven en solitario su intensa experiencia interior y espiritual.
A nuestra sociedad lo profundo le sabe a raro y los compromisos definitivos o las decisiones comprometedoras de por vida no están de moda. Onofre, sin embargo, nos ofrece un testimonio admirable de profundidad interior capaz de abarcar todo su paso por la tierra.
Se dedicó a la oración y, después de orar, a dar buen consejo a quien se lo requería. ¿Nada más? Y… nada menos: dejar que el alma rebose amor de Dios para que otros puedan descubrirlo y amarlo; dejarse afectar desde el centro de la propia personalidad por la Gracia y contagiarla a otros como la gran curación, la gran salud, la gran salvación.
Si en la Iglesia no existieran estos absolutos testimonios del Absoluto, todo sería aún más relativo de lo que es.

También se recuerda a: Beato Guido de Cortona, Franciscano; San León III, XCVI Papa; Beata María Cándida de la Eucaristía, Carmelita; Beatos 108 Mártires de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, Mártires; Beata Mercedes de Jesús Molina y Ayala, Rosa del Guayas; Beato Lorenzo Salvi, Pasionista; San Gaspar Luis Bertoni, Fundador; Beata Florida Cevoli, Clarista.
Fuente: Cathólic.net

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