Santa Misa en conmemoración de la Solemnidad de Corpus Christi

La feligresía de la Catedral “Nuestra Señora de la Santísima Encarnación”, brindó su testimonio de fe y amor a Jesús Eucaristía en la Solemnidad de Corpus Christi en la celebración presidida por el Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis de Encarnación. A raíz del clima inestable, la procesión con el Santísimo se realizó en el interior de la Catedral, presidido por el Obispo, acompañada por el P. Gilberto Penayo, párroco de la Catedral, por el Seminarista Berardo Medina, monaguillos y monaguillas. Posteriormente se participó de la adoración al Santísimo y la bendición final.
En una parte de su homilía expresó “…Nos reunimos para avivar la fuerza, la alegría misionera y al mismo tiempo, para implorar la fuerza de Dios en la dificultad, porque el cristiano que quiere ser Cuerpo de Cristo debe recordar también, que ese cuerpo pasa por dolores, enfermedades, tristezas, penas, donde tenemos que a fuerza de oración ayudar a sanar ese cuerpo. Sí, hay heridas en el cuerpo de la iglesia y no podemos desentendernos y decir, yo no fui, porque es tu Iglesia y es a ese Cuerpo de Cristo a quien perteneces. Tu oración, tu presencia para ayudar a implorar, a sostener, a perdonar, a consolar, a corregir, es importante, es ahí donde manifiesta que somos uno.”
En otro momento dijo “Hoy como Iglesia celebramos el Misterio de Cristo presente en el Sacramento, en la Celebración Eucarística y también en este Sacramento que es la Iglesia. En un solo misterio estamos unidos todos…no solo hoy Cristo camina en medio nuestro, Cristo camina todos los días. La Iglesia que peregrina en el mundo es ese Jesús que va caminando, tratando de llevar a todas partes, ese amor que vuelve a unir los corazones, ese amor que vuelve a sanar las divisiones, ese amor que vuelve a fortalecer, a integrar la vida de muchos. Tenemos mucho por hacer. Hoy queremos recordar que esta Iglesia que constituimos todos, necesita atender a sus miembros más frágiles. Volvamos a tener muy en cuenta a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los más desvalidos, abandonados, a los desprotegidos, a los que están solos, a los no nacidos, porque son vulnerables. Atendámoslos en sus necesidades, y recordémoslos en la oración, busquemos realizar lo que nos toca, para colaborar, para asistirlos, para acompañarlos, para integrarlos en la vida de la Iglesia. Hay mucho por hacer, y todo nace de la fuerza de Cristo, de la fuerza de ese Cristo que vive en todos nosotros. Ningún cristiano es sólo, el individualismo no es el camino de la Iglesia, la indiferencia tampoco. Los males sociales no nos pueden ser indiferentes. Renovemos hoy la unidad, juntos, que se fortalezca esa unidad, volviendo a recordar que tenemos muchas tareas en común, hagámosla juntos. Somos muchos y diversos, integremos a todos. Sobre todo, sostengamos la vida, en la celebración de las alegrías, pero también en la oración y en la acción, por aquellas cosas que nos hacen doler y que lastiman a nuestra Iglesia.”

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