Santa Misa por la salud. En memoria de los médicos y el personal de enfermería que han fallecido en la pandemia de covid-19

Diócesis de la Santísima Encarnación

10 de abril de 2021

Queridos hermanos y amigos:

El enorme dolor de la crucifixión y de la muerte de Jesús inicialmente había alejado a los discípulos, en parte por miedo, en parte por la respuesta normal de duelo de cada uno, de tener que elaborar los hechos ocurridos y los sentimientos que estos generaron en sus corazones. Pero el mismo dolor los hizo volver a estar juntos. La comunidad y la familia fueron el espacio correcto para la contención anímica y espiritual, en el proceso de esta dolorosa separación.

Las noticias de la resurrección los sorprendieron muy pronto en ese duelo. Entre dudas e incredulidad se fue abriendo paso la fe, la esperanza, la certeza: Cristo resucitó, como lo había anunciado. Cada uno tuvo su momento, su modo de procesar lo ocurrido, como el caso de Tomás que relata el Evangelio del día (Juan 20, 19-31). La cercanía del Resucitado, que se deja tocar, se deja ver, que habla y come con ellos, fue llenando de luz sus almas, fue alejando la oscuridad, fue iluminando y uniendo sus vidas.

La primera comunidad, como la describen los Hechos de los Apóstoles, de ser una comunidad dispersa y abatida, llegó a ser una comunidad con un solo corazón y una sola alma: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Todos eran muy bien vistos. Ninguno pasaba necesidad”. (Hechos 4, 32-35). La fe en Cristo, vencedor de la muerte, vivo en medio de ellos, les ayudó a vencer la tristeza, la soledad, el sentimiento de orfandad, y les hizo ser mejores en el amor, uniéndolos y sosteniéndolos.

Esta vivencia del grupo de los apóstoles y los discípulos de Jesús, es parte del anuncio de la Pascua cristiana y de esta pascua que vivimos en tiempos de pandemia. Muchas familias pasan o han pasado por el dolor de perder un ser querido. Amigos y colegas han partido muy bruscamente de nuestro lado. Muchos están enfermos, la lucha por la vida es diaria. No negamos que por momentos nos vence el cansancio o nos inunda la tristeza, y debemos decir que justamente eso nos hace recordar que somos humanos. Aquí estamos, juntos en el dolor, pero buscando juntos la luz, amando la vida más que antes, despiertos para el encuentro con Jesús y con cada hermano.

La muerte es un ladrón oportunista, eso nos dice nuestra fe que nos ayuda a construir creyendo en la vida, en el amor, en que nada ni nadie podrá arrebatarnos lo que somos si estamos unidos en Aquél que solamente nos comparte todo y no nos quita nada. Los oportunistas son porteros de la muerte, sin fortuna ni futuro, que pescan en río revuelto y se manchan en mezquindades y egoísmos. Siempre los hubo, aún los hay, están aquí y allá buscando sacar provecho, no nos sorprende. La fe que nos sostiene nos aleja de ellos, nos distancia del error del individualismo, nos previene del camino equivocado de los que se dejan seducir por el mal.

La fe hizo que los discípulos recuperaran algo que el odio y la muerte intentaron arrebatar. La fe nos devuelve humanidad, allí donde el fracaso, la desilusión y los límites la lastiman y la hieren. Con fe somos capaces de ver luz sumidos en oscuridad, nos aferramos a la memoria y la hacemos presencia, nos ponemos de pie para caminar de la tumba a la vida, dejamos caer las mortajas del odio, del rencor, de la tristeza y de la desilusión para salir corriendo a abrazarnos con ternura, con perdón, con reconciliación y con alegría. Esa es la fe de los que creen en Cristo, que confían en sus palabras: que ninguno se pierda y participe de la resurrección (Juan 6, 39-40); es la fe de los que viven en sus palabras de vida eterna (Juan 6, 68).

La memoria cristiana brota de la fe en Cristo, y se hace memoria de vivos y difuntos que se unen en un solo corazón y en una sola alma. Aquellos que han partido, que sentimos que nos fueron arrebatados y que dejaron nuestras historias inconclusas, siguen con nosotros. Honramos su memoria amando más la vida y aquellos que nos rodean. El amor y la amistad compartidos, desde la fe, nos hacen recordar y descubrir que no es un vacío lo que nos queda, sino una vida para seguir llenando. Reavivemos la manera cristiana de llenar la vida: amando, siendo mejores, cuidando a todos, vaciándonos de todo lo que es oscuridad y maldad, entregando lo mejor de cada uno allí donde lo necesitamos para que seamos uno, un solo corazón y una sola alma.

La pandemia sigue. Hay necesidades. Hay tropiezos. Hay caminos andados y caminos que desandar. Hay hermanos y amigos que cuidar. Hay vidas que recordar, con rostros, con sueños, con historia. Queremos vivir fieles a la memoria de todos y seguir juntos, aunque nos cansemos, aunque nos equivoquemos y tengamos que comenzar de nuevo con cada terapia, aunque la ciencia, la tecnología y los recursos no alcancen para brindarnos lo que hoy buscamos y anhelamos.

Las llagas de Jesús, que tocamos en cada enfermo, nos hacen mirar su rostro en sus rostros, para decir nuestra fe, abrazar al que vive y que nunca podrá quedar en el olvido. Aunque por momentos podemos sentir que no tenemos nada para dar, no es así. Con fe, unidos, podemos llevar paz, donde hay guerra; perdón donde hay error; amor donde hay odio; memoria donde hay olvido; reconciliación donde hay división; ternura donde hay ausencia; aliento donde hay tristeza; servicio desinteresado donde hay necesidad; esperanza donde hay angustia; responsabilidad y prudencia donde hay negligencia y temeridad; solidaridad donde los recursos son limitados o se acaban.

Avivemos la fe honrando la memoria de los que viven aquí y de los que viven más allá, amando la comunidad. Avivemos la comunidad encendiendo la fe, que nos hace ser mejores y buscar lo mejor.

Bendecida Pascua.

Encarnación, 10 de abril de 2021

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.

Obispo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *