Santa Misa y Procesión en Solemnidad a “Nuestra Señora de la Encarnación” por los 400 años de la ciudad

Se realizó hoy la emotiva Santa Misa por la Solemnidad de “Nuestra Señora de la Encarnación” Santa Patrona de Encarnación, al mismo tiempo, se festejó el 400 aniversario de fundación de la ciudad, con la presencia del Corazón del santo fundador San Roque González de Santa Cruz. El oficio religioso fue presidido por el Mons. Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis de Encarnación y concelebrado por los Monseñores eméritos Ignacio Gogorza Izaguirre y Claudio Silvero Acosta, acompañado por todos los párrocos del Decanato Encarnación. 
Participaron de la magna ceremonia el Presidente de la República del Paraguay, Horacio Cartes, el Vicepresidente de la República, Juan Eudes Afara y ministros del Poder Ejecutivo, así como el Intendente Municipal de Encarnación, Joel Maidana, el Gobernador de Itapúa Luis Gneiting, representantes diplomáticos de países extranjeros, autoridades locales, departamentales, estudiantes, laicos, militares, invitados especiales. y ciudadanía encarnacena.
HOMILIA DEL MONSEÑOR PISTILLI:
“Un saludo muy especial a Monseñor Ignacio Gogorza y a Monseñor Claudio Silvero, mis hermanos en el episcopado y a todos mis hermanos sacerdotes. Saludo fraternalmente a los hermanos de la Iglesia Ucraniana Greco Católica, y a los hermanos cristianos de otras Iglesias presentes. Demos la bienvenida cordial a todos los invitados de esta hermosa celebración de los 400 años de fundación de nuestra ciudad de Encarnación.
El misterio de la Encarnación del Verbo y la obra redentora de Cristo a lo largo de la historia.
La Encarnación que celebramos tiene más de 400 años. El momento de la anunciación marca el inicio de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Hace más de 2000 años inauguramos el nuevo tiempo de Cristo con la alegría del anuncio, la elección de la más bendita, su sí al deseo divino y la concepción del Verbo, que se hace carne, se hace humano, por nosotros y por nuestra salvación. En Jesús, nacido de la Virgen, el misterio de Dios hecho hombre, verdadero Dios y verdadero hombre, irrumpe en la historia de la humanidad necesitada de redención. El redentor asume nuestra humanidad y la conduce en sí mismo a la victoria sobre la muerte y el pecado en su pasión, su muerte y su resurrección.
Cada tiempo y cada cultura a lo largo de la historia de la Iglesia vuelve a sumergirse en el misterio de Cristo. Cada cristiano y cada comunidad cristiana reviven en su momento el desafío de abrirse a la gracia, a la gratuidad del amor de Dios, para conducir y elevar hacia Cristo nuestra naturaleza elegida pero al mismo tiempo herida. En las alegrías y tristezas de nuestra historia, en las victorias y en las derrotas de nuestras luchas, se manifiesta Cristo que con su gracia va tejiendo su presencia en la memoria del cristiano, para conducirlo a la plenitud de su Santidad, como lo hizo en la vida de San Roque González de Santa Cruz. Los santos “encarnan” el testimonio de Cristo para cada tiempo y cada lugar. Roque se entregó para que otros tengan vida, sean libres, y sean felices en su dignidad.
Celebrar es hacer memoria con gratitud
Celebramos 400 años de nuestra ciudad desde su fundación en 1615. Hacemos memoria de cuatro siglos de historia con gratitud, con alegría que se ha manifestado en muchos momentos de fiesta que hemos compartido. No olvidamos. La alegría nueva se sostiene en la memoria agradecida (EG 13). Si hiciéramos un detenido análisis de las diferentes napas de la memoria de cuatrocientos años veríamos las tensiones que hacen parte de la historia humana, entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, porque toda historia humana que quiere ser divina se confronta con la necesidad de la conversión y la adhesión plena al Evangelio. Pero hay un protagonista siempre presente en estos cuatro siglos que sigue naciendo para santificar a los suyos en la alegría de los hijos de Dios: Cristo atraviesa todas las napas de nuestra memoria histórica y es él quien hoy nos saluda y nos dice: ¡Alégrense! Porque estuve, estoy y estaré siempre con ustedes, al lado suyo. La historia no comienza con nosotros, fue iniciativa de Dios siempre, lo seguimos a Él. (EG 12).
Celebrar es renovar la gracia y la entrega
Esta fiesta es el momento de volver a escuchar el saludo del Ángel y la respuesta de la Virgen María. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”… “He aquí la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. La joven Virgen fue el lugar de la Encarnación. Ella, nuestra Patrona, madre y protectora, es quién hoy nos dice cómo celebrar la alegría de ser benditos. Dios nos saluda a nosotros y nos invita no solamente a mirar el ayer con gratitud, sino a poner los pies en el presente y las manos en la obra que nos va a suceder en el tiempo. Celebramos el saludo alegre de Dios dispuestos a seguir construyendo una ciudad más “encarnada” y por eso más redimido, una ciudad que sea cuna de santos, porque fue fundada por un santo. La respuesta que Dios quiere escuchar es: Aquí estamos, contigo, porque tomaste la iniciativa de elegirnos y llamarnos, porque tu Gracia nos precede. Los “encarnacenos” son hijos de la Virgen si responden como Ella. ¡Alégrate joven Encarnación!
Celebrar es renovar el envío y la fuerza para construir el Reino en el nuevo tiempo
La celebración de estos 400 años inaugura una nueva etapa, un nuevo tiempo. Vivimos tiempos nuevos, queremos seguir creciendo, como cristianos, como Iglesia. Los Obispos de Latinoamérica y el Caribe nos dicen desde Aparecida (11), que la Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales, que estamos llamados a ser discípulos y misioneros para una nueva evangelización. El Papa Francisco nos conduce con aires nuevos y esperamos su visita al Paraguay, con el deseo profundo que nos contagie de su espíritu joven.
Para que nuestra alegría sea plena, el Papa nos dice, que no queremos “conservar” solamente: Hay que refrescar el mensaje en el corazón de los fieles, acercar a los bautizados alejados, ir al encuentro de los que no conocen a Jesucristo o lo rechazan (EG14-15). También nos dice que como Iglesia no queremos “administrar” solamente, sino acompañar los cambios humanos, involucrarnos, desarrollar nuevas acciones, ser parte del bien común.
La alegría del Evangelio, de la buena noticia, es una invitación a encarnar una pastoral cercana a los hombres y a las mujeres de hoy en las nuevas situaciones, siendo cristianos que irradien por su manera de vivir, libres de temores y de quejas, libres de desconfianzas, libres de complejos de inferioridad o de superioridad muchas veces disfrazados de rígidas convenciones. Una pastoral cercana cuida, sana, alegra, sostiene, con testimonios de vidas plenas, no con vidas desarticuladas de la realidad que Cristo vino a redimir.
La alegría del Evangelio se encarna en obras y acciones que sostienen una acción social orientada al bien común, que llega a los que están más alejados, que sale a buscar y no espera con indiferencia, que busca compartir y se enriquece en el dar. La alegría del Evangelio no se vive en soledad, sino en Comunidad, en la comunión de los que son fuertes juntos y privilegian al que está lejos de la luz, de la ternura, del hogar.
La alegría del Evangelio se encarna en una educación nueva, que forma hombres y mujeres que no se encierran en formalismos ni en costumbres rígidas, sino que se abren a la dinámica de la caridad desde la conversión personal y desde la misericordia. Esta alegría nace de la verdadera conversión que reconoce que solo Dios es quién nos hace santos, se sostiene en ese Cristo vivo que no se encierra en sí mismo y no se deja encerrar en ideas extrañas o ideologías, que alejan al cristiano de Cristo. Esta alegría nos hace fuertes sin encerrarnos, para que seamos fermento en todas partes.
Celebrar es renovar la fe y el seguimiento de Cristo, como María y como San Roque
Nos alegramos porque hoy Dios nos saluda y nos hace recordar la buena noticia de que nos ama con predilección, como le amó a la Santísima Virgen y como le amó a San Roque. Nos alegramos porque podemos escuchar el saludo de Dios en muchas voces de este tiempo, con cambios y desafíos, con testigos creíbles del Evangelio como el Papa Francisco. Nos alegramos porque hoy somos nosotros los protagonistas de una nueva etapa de anuncio del Evangelio que quiere llegar más lejos y más profundo que en otras épocas. Nos alegramos porque fuimos elegidos para participar y ser la comunidad de los nuevos misioneros que encarnan el Evangelio para nuevas generaciones.
¡Alegra tu Fe, Encarnación! Así te llamarán ¡Bienaventurada! ¡Feliz de vos porque has creído!”
Posterior a la Santa Misa se realizó la procesión con la imagen santa de la “Virgen Nuestra Señora de la Encarnación” y el Corazón incorrupto de San Roque González de Santa Cruz, por calles del casco urbano, que fue acompañado de todos los presentes en el oficio religioso.

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